Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz

Durante semanas seguí toda la controversia que se armó por el plagio que una
ministra de la Suprema Corte de Justicia de la nación hizo de su tesis de licenciatura,
los dimes y diretes, la politización de un asunto que se salió de los causes
académicos para ser utilizado como linchamiento mediático; después el asunto pasó
de moda y los medios de comunicación en la volátil vida de las noticias parecen
olvidar el tema.
Tal vez porque el foco del asunto no era la gravedad de la acción si no el linchamiento
político de la ministra. Ya que el plagio es el pan nuestro de cada día a día en México,
un asunto de “rutina”, una “costumbre”, un “pecadillo”, un “al fin que nadie se da
cuenta”; quién no recuerda el plagio de la tesis de licenciatura de Enrique Peña Nieto
o el asunto doméstico de Ramón Durón Ruiz acusado de plagiar un texto que luego
publicaba en su columna del “Filósofo de Güémez” y que, siendo funcionario público,
una mujer española lo señaló, quedando el asunto en un “usted disculpe”.
En el ámbito académico, cuantas veces los maestros dejamos pasar por alto el
plagio, al ver que un alumno en su pereza de no leer o en su torpeza de no saber
redactar corta y pega para presentar un ensayo o una monografía, vicio que escala
hasta los niveles de elaboración de tesis donde los autores lo siguen haciendo y los
examinadores no lo detectan y lo dan por válido.
No saber citar un texto es muy grave para quienes la escritura es una
herramienta de trabajo o aprendizaje, pero un gran pecado es robarse

deliberadamente las ideas de otros y firmarlas como nuevas, conscientes de que se
carece de capacidad para generar las propias.
Ciertamente no existen las ideas originales y primigenias, nuestros
pensamientos y textos están plagados de la herencia histórica de lo que oímos,
aprendemos, leemos y vemos; sin embargo, nuestros procesos mentales siempre
aportan comprensiones propias y personales del mundo, de ahí la necesidad de
ejercer el pensamiento como herramienta para generar conocimiento.
Ahora que la inteligencia artificial hace su debut como un chat capaz de
elaborar textos, muchos expertos han opinado que profesiones como el periodismo o
algunas otras donde la redacción de texto es fundamental pueden desaparecer,
porque esta herramienta es capaz de hacer mucho mejor y más rápido el trabajo.
Y aunque muchos empiezan a temblar ante esa realidad, la verdad es que,
esta inteligencia artificial no es más que otra forma de hacer el cortar y pegar más
eficiente. Pensar, crear, leer, repensar la realidad, sentir, comprender, escribir son
procesos humanos que desde la antigüedad han estado reservados a aquellos que
entienden que el cerebro es un músculo que debe ejercitarse para comprender el
sentido la vida.
El resto, como históricamente ha sucedido, son aquellos que se asustan por el
futuro, siguen robando deliberadamente las ideas de los otros, no son capaces de
hilar dos ideas juntas y simulan que entienden y piensan. Y en México de esos hay
muchos que no desean erradicar el vicio del plagio por la comodidad que representa
hacerlo sin que pase nada, siempre y cuando no se encuentre en el lado
políticamente incorrecto.

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