ORBE
Ma. Teresa Medina Marroquín.-
Las 116 páginas de “COVID” —el libro autoría de Mario Ruiz Pachuca—
describen, como se señala en su portada, una serie de “Asombrosas
Historias de Vida, Amor y Muerte”.
Narra, quien fuera Coordinador General de Comunicación Social del
Gobierno de Tamaulipas de 2005 a 2010, cómo la dictadura de un virus,
que nadie vio venir, sorprendió a la humanidad totalmente desarmada para
enfrentarlo.
Advierte, el también periodista, que el Covid-19 “Llegó de la nada, de
manera inesperada y aún no se va del todo”.
Ciertamente esta pandemia es una terrible y apocalíptica enfermedad que
nos atacó durante más de tres años, matando, según cifras no oficiales,
cerca de 15 millones de personas alrededor del mundo.
Una cantidad que, para un nuevo asesino como es este virus, espanta y
aturde, y provoca, como lo expresa Mario, una “depresión emocional” cuyo
saldo, al 5 de abril de este año, nos arroja 762 millones de personas
infectadas en toda la geografía mundial.
Esto es, casi un 10 por ciento de la población del planeta; lo que podría
representar, y denlo por hecho que la voracidad de la industria farmacéutica
lo permitirá con gran regocijo, irnos asomando a un punto crítico.
Al que pocos ven y muchos no quieren aceptar: a un camino sin retorno;
que seguramente el inteligente lector lo entiende mejor que nadie y que
implicaría que el Covid-19 se adueñe de la Tierra.
Pero de una Tierra sin humanos. Un encuentro con lo peor que debe ser
evitado, si es que no quieren fomentar otra peligrosa pandemia: la de
pensamientos repletos de conspiraciones.
Paralelo a este drama, y sin ir muy lejos, y mucho menos olvidar ese
escenario de “Muchas heridas abiertas. Pérdidas de familias enteras.
Muertes en solitario, sin nadie a lado. Muertes lejanas a las despedidas.
Dolor profundo, intenso, desgarrador”, Ruiz Pachuca no deja de considerar
la tragedia en la mayor parte de las economías del mundo.
Una quiebra que colapsó a todos los sistemas financieros, golpeando
directamente a las familias como la raíz y base fundamental de toda la
sociedad, obligando a los poderes políticos del mundo a contar todos sus
muertos a fin de no olvidar no sólo lo que sucedió, sino lo que puede venir
de nuevo.
EL ASESINO Y UNA RAZA QUE OCULTA SU MALDAD
Es decir, aprender del pasado no precisamente, medita Mario Ruiz
Pachuca, porque insiste en que “el Covid-19 no se ha ido”, que sigue ahí, y
supongo no agazapado, no abriendo una tregua; pero sí quizá agotado de
tanto matar gente, pero tan fuerte como la bestia de la que escribe
Monterroso, que cuando despertó “el dinosaurio todavía estaba allí”.
Finalmente, el asesino que se describe sería el de un Covid-19 que tiene
esos instintos criminales, aunque si concluimos con un misterio, suscitado
por este libro, igual podemos inferir que si esta lección, tan dura, vino de la
Madre Naturaleza, la calamidad cesará.
Y otra escalada de efectos desastrosos dejará de martirizarnos, pese a que
lo más probable es que las reacciones iracundas de la Madre Naturaleza
nada tengan que ver con ningún fenómeno viral o de cambio climático.
Sino que es la propia raza humana que entre más avanza en ciencia y
tecnología, más se vuelve autodestructiva y suicida, como si los cuerpos
que ardían en las calles (como lo narra “COVID”), por la saturación de los
crematorios, fueran los nuevos entretenimientos de una especie que oculta
su maldad, “espantándose” de una pandemia.
VICTORIA DESTACA COMO DESTINO TURÍSTICO
El proyecto y entusiasmo que el alcalde Eduardo Gattás Báez ha llevado a
cabo para que la Capital de Tamaulipas se convierta en un importante sitio
turístico, han hecho que esta ocupe en esta temporada de Semana Santa el
tercer lugar estatal con una afluencia de 45 mil 681 visitantes, por encima
de la playa de La Pesca que alcanzó 35 mil visitantes. Desde el San
Marcazo, el espectáculo de la lucha libre, hasta Los Troncones, Victoria ha
aportado un esfuerzo sin precedente para destacar y transformarse en un
destino turístico de calidad.
¡Excelente inicio de semana!
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