ORBE

Ma. Teresa Medina Marroquín.-
Desde las promesas de renovación moral de la sociedad de Miguel de la
Madrid, por citar sólo uno de los sueños más “guajiros” de la política
mexicana, hasta la convicción de “no mentir, no robar y no traicionar al
pueblo” de Andrés Manuel López Obrador, se debate la historia del poder
de este país, y donde no pocos de sus participantes siempre permanecen
tentados por apropiarse criminalmente de los dineros públicos.
Este es un fenómeno, el del saqueo de las arcas del Estado, que la mayoría
de la población no digiere mentalmente, aunque sí sufre sus terribles y
brutales consecuencias.
Una de ellas –entre paréntesis—es la que nos hace padecer de una
escasez apocalíptica de agua, habiendo podido en su momento los
anteriores gobernantes gestionar e invertir en un rubro tan prioritario y
estratégico para la sociedad en su conjunto.
Pero no fue así. Ni siquiera hicieron el intento de “medio resolver” la crisis
hídrica. Y en cambio decidieron robarse (así de malditos) los recursos
públicos que posiblemente les autorizó la Federación, atenidos a que las
auditorías son lentas y burocráticas; y la acción de la justicia, ¡peor!
UN PUEBLO DESENCANTADO, PERO NO IDIOTA
Ya viene el 2024 mega-electoral, y pronto aparecerán los “mesías
redentores” dispuestos a dar sus vidas por la gente, qué importa (dirán) que
los crucifiquen como a Jesucristo.
Lo importante, de no pocos aspirantes a esa diversidad de cargos, es
salirse con la suya, “pues el prometer no empobrece… dar es lo que
aniquila”. Y muchos de estos vienen a dar nada.
Y lo dicen sin el menor cargo de conciencia: “La política es un negocio
redondo”.
¿Quiere decir que al haber cometido siempre esos inmensos robos, abusan
de los límites mentales e históricos de la población, tanto en lo político como
en lo cultural?

Decir que sí, me llevaría a expresar que tenemos una ciudadanía con pocas
luces metales y sin la estatura social para avanzar en la construcción de
gobiernos realmente democráticos y civilizados. Y no creo que sea así.
Lo que tenemos es una sociedad desencantada de no poder ver nunca a
ese esquema fértil y productivo que tanto nos han prometido los “políticos”,
que en su mayoría salen de sus encargos de alcaldes, gobernadores o
presidentes de la república con resultados plagados de saqueos y robos,
que incluso no pueden ser cuantificados.
Y con sucesores que los amenazan con encarcelarlos y que en la
proporción correcta rara vez sucede, pues por cada 10 corruptos que se
volvieron multimillonarios en sus puestos públicos, acaso uno solo (y eso es
exagerar) es llevado al banquillo de los acusados.
¿PONDRÁN UN ALTO O SERÁN MÁS MARGINADAS?
¿Volveremos a ver, antes de 2024, la invasión de partidos políticos y
precandidatos con poses extravagantes, engañosas, egocéntricas, ajenas a
la realidad?
Eso lo veremos en forma permanente hasta que acabe este mundo
mediante formas naturales o estalle la Tercera Guerra Mundial entre
Estados Unidos y Rusia llevándose entre las patas al planeta entero.
Lo que sí puede suceder es que la sociedad ponga un alto a esas
expresiones cínicas, humillantes y criminales. De no ser así las mayorías
serán cada vez más marginadas por la clase dominante, esa con la que
todos los días pelea AMLO.
También llamada clase opulenta, alérgica a todo lo que huela a pueblo y
enemiga de que este avance en la dirección de sus derechos y de su
bienestar. Qué desgracia que esa “clase política” se niegue a reconciliarse
con el pueblo y aceptarlo a fin de cortar tanta conspiración y destrucción de
la vida pública.
LA DESESPERACIÓN DE TANIA CONTRERAS
Caso concreto: ahí tiene usted de lo que se duele la consejera jurídica Tania
Gisela Contreras López, cuando la Fiscalía Anticorrupción no hace su
trabajo ni judicializa ninguna de las carpetas de investigación interpuestas
por el Gobierno de Tamaulipas. Por eso se ven tan tranquilos los de la FGJ.
¡Feliz miércoles!
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