DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.


Cada persona, individuo, es diferente; una y otra vez nos repiten que cada cabeza es un
mundo diferente y es así, por eso, las personas pueden ser introvertidas o extrovertidas;
otras pueden ser simpáticas o antipáticas, así podemos hacer una y mil explicaciones sobre
cómo es cada quien. Luego, nos dicen, para conocer a una persona, dale poder; y es que,
hay la idea muy difundidas, que unos se marean y que otros, después de buscarlo, pelear
por él, no saben qué hacer.
Por eso, en la década de los setenta, Daniel Cosió Villegas describió el estilo personal de
Luis Echeverría Álvarez; de cómo fue, por decir, cuando era un burócrata exitoso, que llego
a ser Secretario de Gobernación; y luego Presidente de la Republica: que nos mareo con un
cambio en las estructuras mentales y pretendió ser líder de los países del Tercer Mundo. Y
tomaba decisiones al bote pronto, la cuestión era presentarse como un líder populista, líder,
que defendía a los desposeídos.
NADA LE GUSTA.
Manuel Cavazos Lerma fue un gobernador tamaulipeco muy especial. Llegaba al Casino
Victorense con sombrero; le gustaba ir a las fiestas de los municipios rurales y, si había
baile, no dejaba pasar la oportunidad para bailar hasta con la esposa del Presidente
Municipal o con la joven bonita. Y en su trato con sus colaboradores fue, más que especial,
los narcotizo con sus doctrinas espirituales, la meditación y con el cumplimiento del deber.
Recuerdo que en una ocasión Everardo Ruiz, Presidente Municipal, me conto como fue una
visita o reunión de trabajo del gobernador a la cabecera municipal: que la logística funciono
perfectamente, que cada punto del programa o agenda de trabajo, se desarrolló en orden. Y
que, eufórico, lo despidió pensando en recibir una felicitación: no hubo tal, pero si una
recriminación, enumerándole compromisos que había contraído y que aún no cumplía… En
fin, les cuento que, en palacio, era platica común que colaboradores de primer nivel le
sacaban la vuelta, precisamente para evitar ese tipo de reclamos.
BROMISTA Y SONRIENTE.
Hace poco la defensa de Eugenio Hernández Flores le echo los kilos para lograr su
liberación. El hecho fue emblemático por una sencilla razón: se evidencio en las redes
sociales el grado de estimación, afecto o como lo recuerdan buen número de gobernados.
Más de uno, al ver tal muestra de afecto, llego a pensar que Geño, se supo ganar el afecto
de los tamaulipecos: ¿Cómo lo hizo? Muy simple, por el trato que dio a unos y otros, sea en
la ciudad o en el campo.
Siempre sonriente, con expresión de exitoso, de ser un empresario constructor fue
Presidente del Comité de Financiamiento del PRI estatal en la campaña de Tomas
Yarrington; diputado federal, Presidente Municipal de Victoria y Gobernador del Estado.
Su trato amble, risueño, sencillo, con la gente del pueblo fue el sello de su comportamiento

con la gente del pueblo. La gente se le acercaba, los saludaba, abrazada y, a unos y otros,
les repartía sonrisas mientras dictaba instrucciones sobre las peticiones que recibía. Por eso,
Geño, es recordado por la gente del pueblo.
AMERICO, EL APASIBLE.
En la precampaña de la última elección para gobernador, ante el fortalecimiento de la
precandidatura de Américo Villarreal Anaya, más de uno pensó y lo dijo: es difícil
contender con un nombre que aparece en avenidas, calles y colonias de las principales
ciudades de la entidad; o que está en escuelas, salones de uso múltiples, entre otros. Y es
que, el legado de Américo Villarreal Guerra es indiscutible. Fue un ingeniero que trabajo
años y años en la Secretaria de Recursos Hidráulicos, fue Subsecretario, Senador y luego
gobernador. Un burócrata que escalo los peldaños del poder.
Dio la impresión que dejaba hacer, dejaba pasar, a sus colaboradores. Que pocas veces los
recriminaba, le estallo el problema de los penales, que ya se autogobernaban, construyo el
acueducto para proveer agua a la capital tamaulipeca y le daba la gana de, algunos días,
caminar por la calle Hidalgo acompañado de su esposa. Por cierto, era tan apegado a las
tareas de gobierno, que un día su Secretario Particular le comunica: Señor Gobernador, su
esposa pidió una audiencia…el peso de gobernar lo hacía olvidarse de la familia.