DESDE ESTA ESQUINA.

MELITON GUEVARA CASTILLO.

La decisión del Tribunal Electoral de avalar, con 7 votos, el triunfo electoral de MORENA y por ende de Américo Villarreal Anaya, me hace recordar una expresión de mi rancho: ahora, chile verde, hay que darle sabor al caldo. Es una expresión que viene, como diría AMLO, como anillo al dedo para recordarle al partido y al nuevo gobernador, que es tiempo o la oportunidad de cumplir lo prometido.

Ser candidato a un puesto de elección popular, sea de alcalde o de gobernador, es muy distinto a tener ya la responsabilidad de gobernar. Más de uno, que ha estado en esta condición, lo ha reconocido; y expone, o se justifica, en que no se puede hacer todo, porque no hay recursos económicos suficientes. Y en algunos casos, como lo hace AMLO, advierte que los conservadores, los neoliberales, le ponen piedritas en el camino.

BUEN SABOR DE BOCA.

Maquiavelo, quien ha sido satanizado por sus consejos al gobernante, hace muchos siglos sentencio que la buena imagen del mismo inicia con la elección de sus principales colaboradores. En este sentido, vale apuntar que AVA saca un 10 en principio, puesto que todos –al menos los que ya dio a conocer-, son personas conocidas, tanto que a unas les han sacado sus trapitos al sol sobre sus antecedentes partidistas.

Los principales colaboradores de AVA, con los que va a iniciar su gobierno, tienen una característica básica: son tamaulipecos, cada uno son ampliamente conocidos. Es un buen principio, más si recordamos que Francisco Javier García Cabeza de Vaca, trajo forasteros para las principales secretarias. Podían tener experiencia, pero no conocían la entidad. Imaginen, por decir, a un fuereño impulsando el turismo o revisando la política interior.

NO ROBAR.

La percepción de los funcionarios públicos, digamos fuereños o locales, es solo una: si van a robar, serán los de aquí, puesto que si son fuereños se llevan todo para otro lugar. Claro, siempre y cuando no cumplan con la premisa de AMLO: de que no somos iguales. Espero, todos esperamos, que quienes llegan, efectivamente, no sean iguales. Y es que, al respecto, hay una y mil historias, que marcan la diferencia sobre la voracidad de unos y otros, como característica de la camarilla en el poder.

Les cuento la historia de un director de una escuela. Por fin, el gobierno  atendía su petición de construirle dos aulas más. Su sorpresa fue mayúscula: siguiendo el protocolo burocrático un día llegaron trabajadores, hicieron los preparativos y veía con emoción el avance: solo hicieron los cimientos. Pidió explicaciones a la instancia correspondiente y le dijeron: no hagas ruido, solo eso alcanzo lo autorizado. Y es que, un secreto a voces, es que se tenía que entregar el 30%, pero además, era una obra que la constructora que gano la licitación se la paso a otra.

¿SERAN DIFERENTES?

Américo y sus colaboradores llegan con un ofrecimiento: no robar, no mentir y no traicionar al pueblo. Quienes llegan con Américo son conocidos. Sus vecinos, sus amigos, fácilmente podrán darse cuenta si son iguales o diferentes. La forma de vida, las riquezas, las propiedades, son difíciles de ocultar. Llegan, además, en momentos en que a nivel nacional la política es de “austeridad franciscana”; Santiago Nieto y otros, de la 4T, han sido incapaces de ser congruentes. Bien dicen las escrituras: “Por sus hechos los conoceréis”.