ORBE

Ma. Teresa Medina Marroquín.-

La alerta roja que lanzó la ONU hace un año –afirmando que la humanidad vive una crisis que se aceleró al máximo y que de hacer caso omiso los daños empeorarán si los gobiernos y los ricos del planeta no actúan con urgencia– la ha traído de vuelta al debate mundial el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden.

Cambio climático es el tema al que los poderosos del mundo le han pasado por encima, más que sacarle la vuelta, al extremo de que los hambrientos e insaciables dueños del capital mundial llegaron a la exageración de alterar el ciclo hidrológico del agua. ¿Se imaginan?

O sea, ese proceso natural y maravilloso que permite que todo el planeta tenga agua siempre, comenzando con la evaporación del vital líquido que se eleva a las nubes, transformando esa agua en una condensación, y que posteriormente permite que las gotas se reúnan y caigan convirtiéndose en lluvia.

Pero no, ahora ya no es así, porque por causa de que los amos del mundo, o los dueños del dinero, decidieron apostarle a las ganancias y no a la vida que nos da generosamente la naturaleza de Dios, es que se están dando las grandes y terribles sequías.

¿YA ES TARDE PARA SALVARNOS?

Me pregunto si este capitalismo salvaje (llamado neoliberal), que le declaró la guerra a la naturaleza, y desde luego al planeta, ha pensado, así sea un poquito, para iniciar a salvar al mundo del desastre de la sequía que ya sufrimos de la forma más dolorosa en Tamaulipas y Nuevo León, anhelando convertirnos en unos “cazahuracanes” que llenen las presas de la entidad.

Y tanto como salvar al mundo no, sino a nosotros mismos, a ellos incluidos, porque el mundo continuará ahí, capaz de que el día que ya no haya humanos sobre la faz de la Tierra esta misma recupere sus funciones naturales, una vez que exterminó la plaga que la atacó.

No piensan en eso los poderosos, cuando los datos duros afirman que la Amazonía, la selva tropical, declarada como una de las siete maravillas naturales del mundo, con una superficie de aproximadamente 8.4 millones de kilómetros cuadrados, le han deforestado (por lo menos) en los últimos 20 años más de 500 mil kilómetros cuadrados, y a lo largo de su historia más de 1 millón de kilómetros cuadrados de masa forestal.

Los ricos del mundo están en extremo perturbados de la mente, suponiendo en su lógica ecocida (asesina de la naturaleza) que la mercantilización de todo el entorno natural será la salvación de la raza humana.

Concluyo: ahora que nos ha tocado en el noreste del país sufrir una de las sequías más espantosas de todos los tiempos, se ha aprendido a valorar lo que la naturaleza nos dio siempre en abundancia y cuyo producto natural pocas veces habíase tomado conciencia clara de su enorme valor.

Ahora la pregunta es si estamos aún en tiempo de salvarnos de lo que nos está destruyendo como raza humana: ¿Podremos sobreponernos de la corrupción que ahoga todo y de la venalidad mundial?

RECONCILIÁNDOSE CON LA NATURALEZA

Y mientras el gobernador electo Américo Villarreal Anaya comienza a definir el primer círculo de poder que lo acompañará al menos en el arranque de su administración a partir del 1 de octubre, las cosas políticas en los municipios de Tamaulipas comienzan a destensarse como era de suponerse.

Ayuntamientos morenistas, panistas y priistas inician a elaborar una amplia serie de planteamientos respecto a sus proyectos, sobre todo como los gobiernos más cercanos a la ciudadanía.

Llama la atención en Victoria que el alcalde Eduardo Gattás Báez carga en sus alforjas el proyecto de la segunda línea del Acueducto de la Presa Vicente Guerrero que mejorará el suministro de agua potable, generando una mayor presión en el abastecimiento del vital líquido.

Una obra prioritaria demandada por los victorenses que además de proveer de agua potable reanudará nuevos lazos con la naturaleza, los cuales estaban perdidos por la razón de que este vital líquido había sido mal administrado por otras autoridades.

Esperemos que el ciclo hidrológico de este elemento que da vida, también se reinicie racionalmente, cuidándolo como el preciado bien común que es, y que sin su presencia maravillosa el futuro de la vida y de la Tierra se volvería una catástrofe.

¡Feliz fin de semana!

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