ORBE
Ma. Teresa Medina Marroquín.-
“Nacerán y volverán a morir, y otra vez volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira”: Eduardo Galeano.
El pasado jueves se fue a la otra vida mi amigo José Ángel Vázquez González.
Y se marchó, sin avisar, seguro que el llamado era más importante, pero sabedor de que la muerte no encierra ningún misterio porque se volverá a nacer siempre a una nueva misión.
Su vida y trayectoria fueron tan diáfanas como la de un niño que construye tantas amistades a la claridad del día, con las puertas y ventanas abiertas, con aire fresco y limpio, y con la intensidad de colores pintados por crayolas.
Se fue, pero se quedó un destacado comunicador, apasionado de la radio, universitario, servidor público, emprendedor y excelente publirrelacionista.
Dones con los que Dios lo creó para sobresalir entre miles de personas y dejar huella en este complejo plano existencial.
Sin embargo, la familia era para él lo más importante, con la que tenía un compromiso a donde no se sentía presionado por llegar porque era su entorno predilecto.
Y precisamente en su familia Ángel seguirá manifestándose por siempre, y siempre será visto ahí, porque de ahí era y ahí volverá a ser, y porque su cometido todavía no concluye.
LEALTAD, COMPROMISO Y RESPONSABILIDAD
Una de sus grandes cualidades que lo distinguió con todo mundo fue sin duda su lealtad con sus amigos, atestiguando que era el valor moral, muy por encima del monetario, con el que sostenía su palabra y cumplía con sus compromisos; qué importaba si el amigo era de hace 20 años o de hace una semana.
La lealtad, como cualidad del alma, era su sello distintivo, y era una energía que le brotaba para servir a los demás, sin pensarlo dos veces; demás convertidos en muchos que sabrían o no servirse de Ángel Vázquez, por lo menos sus conciencias supieron de la bondad de su corazón que no le falló la mañana del miércoles, sino que necesitaba de un merecido descanso.
Su lealtad y disposición permanente a servir, fue otro de los aspectos que lo llevaron a escalar diversas posiciones en el Gobierno del Estado como en la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Jefes grandes desde el gobernador Emilio Martínez Manautou como don Manuel Montiel Govea, lo reclutaron porque vieron su potencial humano en su forma de ser y la capacidad innata de comunicarse con la gente, una cualidad escasa en estos tiempos.
SOLIDARIDAD, ESENCIA DE UN COMUNICADOR
Ángel se forjó en el sector público y en la política, y a pesar de ese difícil camino nadie lo convenció de volverse una persona fría e insensible y a la que el entorno suele arrebatar la compasión por los que sufren.
Y es que no se puede ser comunicador careciendo del sentimiento de la solidaridad. ¿Qué podemos comunicar si estamos desprovistos de ella?
Y más: ¿qué mensaje en estos tiempos no debe llevar que el alma alberga sentimientos de una humanidad profunda?
La capacidad de poder enarbolar la centralidad de la vida y de ahí decirles a las personas que son tan valiosas a pesar de ser pobres y débiles, hoy parece hasta una mala broma.
Esa capacidad de sentir tristeza por la desgracia de otros era lo que lo hacía diferente a Ángel Vázquez. Su sensibilidad por comprender el problema de otra persona y su lealtad que lo llevaba a ayudar, nunca se olvidarán entre el gremio de comunicadores y en tanta gente que lo conoció.
Me despido de ti amigo, con un pensamiento egipcio rebosante de compasión, que te queda a la medida:
“Yo fui alguien que escuchó la queja de la viuda; fui alguien que lloró por la desgracia de un extraño; fui quien oyó el sollozo de un niño abandonado y enjugué sus lágrimas; y fui quien tuvo compasión de una mujer desesperada”.
¡Hasta siempre, Ángel!
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