El Fogón…
Por: José Ángel Solorio Martínez.-
En el 2018, ganaron MORENA y Andrés Manuel López Obrador la Presidencia de la república muy sobrados: más de 30 millones de voto lo respaldaron. Ante ese evento, –de magnitudes insospechadas– las tentaciones de desvirtuar los resultados, se esfumaron. ¿Qué pasaría –para entrar al terreno de lo contrafactual– si el umbral del triunfo hubiera sido, digamos de 2 o 3 millones de sufragios?
Si duda: las posibilidades de la expresión de un fraude habrían sido mayores.
Tamaulipas, vive un escenario similar al del 2018: un MORENA con amplias simpatías, un PAN sin potencia y un PRI que cada día se torna más neoliberal. Es decir: el lopezobradorismo tamaulipeco, tiene todo el horizonte para triunfar.
Sólo que Tamaulipas, hoy, tiene varios asegunes: MORENA carece de liderazgos sólidos tanto cultural como estructuralmente –una muestra: sus diputados locales, están sobre las monedas que la administración estatal les lanza al piso y no sobre los esfuerzos por hacer aterrizar la IV T en el estado–; esa fragilidad orgánica, llevará a enfrentar serios problemas el día de la elección: ser incapaz de cubrir la totalidad de las casillas –la cobertura histórica en todo el estado es de menos del 45 por ciento: es incapaz de capacitar e instalar en las casillas a los más de 5 mil morenistas que vigilarían el proceso–; conduce a ser ingenua víctima del fraude: grita fraude sin ser capaz de exhibir documentalmente esa tergiversación de la voluntad popular; y finalmente: adolecer de una red letrada e instruida de representantes ante los Comités Distritales y Municipales Electorales.
¿Qué porcentaje del flujo de votos puede ser revertido mediante esa engañifa?
No existen estudios sobe el tema.
Son muchas las variables que confluyen en la capacidad de un fraude para trastocar los resultados. Tiene que ver: el municipio –su padrón, su territorialidad (si es extenso o compacto) la fortaleza de los partidos, las calidad de las campañas, etc.–.
En tanto más competida es la elección, más valioso resulta el voto. En Tamaulipas, se han definido alcaldías como la de Soto la Marina, por ¡doce votos!, y la de Río Bravo, por ¡46 sufragios!
Lugares como Nuevo Laredo, San Fernando, González, Altamira, Miguel Alemán, Díaz Ordaz, Ciudad Victoria y Río Bravo, en donde los sondeos ponen al PAN y a MORENA a distancias cercanas, pueden dar un vuelco a favor de los azules si los lopezobradoristas soslayan el tejido electoral que deben operar el día de la encuesta final: el 6 de junio.
(MORENA ha ido a elecciones con apenas el 15 por ciento de cobertura en sus casillas. Es ocioso, externar los resultados en esos municipios. Uno de ellos, fue Río Bravo en el 2018).
En esos casos, los más sorprendidos son los candidatos perdedores.
No se explican por qué, si el pueblo se emocionaba tanto al verlos y escucharlos, no votaron por ellos.
A un mes del final de las campañas, se vislumbra un paisaje oscuro para MORENA en los asuntos de las casillas electorales; y más patéticamente negros, son los resultados de los representantes ante los Comités Electorales –tanto distritales como municipales, sin olvidar al del IETAM. (¿Existe un informe y balance de sus trabajos? ¿Hay una bitácora, sobre sus participaciones en el seno de esas instituciones? ¿Se evaluaron sus perfiles, antes de ubicarlos como representantes de MORENA en esas instancias? ¿Cuándo inició la capacitación de funcionarios lopezobradoristas de casilla?).
Y otra para los candidatos:
¿Dónde demonios, anda el delegado del CEN, –y que diablos está haciendo– para concretar el arribo de la IV T en Tamaulipas?
Sin ser ave de mal agüero: sería muy penoso ver a Lady Garnachas –y dos o tres, homólogos y homólogas suyos–, gritando como la llorona –¡fraude!–, por las hirvientes calles de Nuevo Laredo y por las polvorientas brechas tamaulipecas sin poder mostrar evidencias porque no fueron a las mesas de votación sus correligionarios o firmaron actas de triunfos comprados.
Luego no lloren, cuando escuchen a los panistas decir lo que el Comandante Borolas:
–Ganamos. ¡Haiga sido, como haiga sido!