Grave   y peligroso el episodio político electoral que está viviendo en nuestro estado de Tamaulipas. Por un lado  este lunes 26 de abril, el reloj del desafuero cabecista marca la hora cero  de lo que sin duda,  de llevarse a cabo,  marcará  un acontecimiento  sin presentes en la historia  del país.  

Y como que si esto fuese poco, las llamaradas de la violencia y el derramamiento de sangre  ya hicieron su aparición en los comicios. Esto último tiene diversas interpretaciones. 

  Para algunos el hecho nada tiene que ver con la lucha por el poder. Pero para otros suspicaces, que son la mayoría, lo que se pretende es sembrar un clima de terror en el electorado, con lo cual  se generaría un altísimo nivel de abstencionismo, cuyo principal beneficiario sería el Partido  Acción  Nacional. 

  Ya  en anteriores colaboraciones, habíamos formulado la hipótesis, en el sentido de  que,  de presentarse el fenómeno del ausentismo en las urnas, en lo que se refiere al caso específico de  Tamaulipas, este 2021 podría darse un escenario muy parecido al del 2019, cuando el PAN ganó el Congreso local,  con el mínimo de votos que le redituó su estructura, (aproximadamente un 15 o 20 por ciento del padrón), y es de esta manera, como actualmente controlan el legislativo. 

  Sin embargo, en  la elección que está por ocurrir en unas semanas más, existen variantes que no  estuvieron presentes en la elección local del 2019. El factor  de mayor peso, es el enfrentamiento político entre los poderes federales y locales. 

 Se trata de un choque, que no tiene precedentes, y el único que pudiese tener alguna semejanza, sería el de la caída del gobierno estatal que encabezaba Hugo Pedro González, y que respondía a los intereses caciquiles  del  portesgilismo. 

 La llegada del gobierno del Presidente Miguel Alemán, y sus profundas diferencias con Emilio Portes Gil, provocaron que se capitalizaran coyunturas de violencia en nuestro estado, para declarar la desaparición  de poderes. 

  En el caso del Presidente  Andrés  Manuel  López  Obrador  y el mandatario estatal, Francisco García Cabeza  de Vaca, se trata de una historia que tiene visos de  encono personal, y que es mutuamente correspondida. Ambos políticos se aborrecen. Y hasta la fecha han dado sobradas muestras de que, aprovecharán todo lo que esté a su alcance, para hacerse  daño. 

  Obviamente, los recursos  del gobierno federal, son mucho más  poderosos. Aunque si hoy se produjese el tan invocado desafuero, se han esparcido  rumores, en el sentido de que  habría resistencia  por parte  de la administración estatal, ante cualquier intento de las instituciones  federales como la SIEDO, por intentar el arresto  de alguien despojado ya de su investidura  constitucional. 

  Ya en la víspera  de este lunes, marcado como la fecha fatal  del conflicto entre el cabecismo y el obradorismo, se han estado presentando  algunas señales o probable indicadores, que estarían  marcando probables  desenlaces. 

 Entre ellos se menciona la posibilidad de que, el mandatario tamaulipeco busque  la protección  de las instituciones  estadounidenses, invocando s doble nacionalidad, y tratando de hacer valer  sus derechos como ciudadano norteamericano. 

 La duda es,  hasta donde  se alcanzaría a blindar, a sabiendas de que  la relación y cooperación entre el Presidente  AMLO   el Presidente Joe Biden, goza actualmente de cabal  salud.  

Al respecto, el titular de la UIF, Santiago Nieto dio a conocer  en un video, su postura en relación con una presunta demanda en su contra, promovida  por el gobernador Cabeza,  ante un despacho de Estados Unidos.  

Nieto  advirtió que este tipo de acciones del cabecismo,  enmarcada dentro de una estrategia ofensiva, y no defensiva, lo que va a generar, es que una nueva demanda hacia el titular del gobierno tamaulipeco.  

Hasta aquí la narrativa de un conflicto que probablemente hoy alcance su punto culminante. Y en el cual, la sociedad  tamaulipeca, esta siendo rehén  de la cruda y descarnada lucha por el poder.  

Esperemos que lo que suceda este lunes, sea para bien de los ciudadanos de nuestro estado.  Una entidad  federativa, cuyas familias son gente de bien, y están muy lejos de representar toda esa mancha negra, en la que la han sumido los gobiernos estatales, tanto del PRI, como del PAN. 

 Las tamaulipecas  y  tamaulipecos, anhelamos un cambio, que ponga punto final a una larga etapa de oscurantismo y de abusos en el ejercicio del  mando público. 

¿Será mucho pedir?