Reflector/ Gilda R. Terán.
A pesar de que el hombre fue creado por Dios con una capacidad innata para amar, el crecimiento y la vivencia del amor se realizan a través de la experiencia que el hombre va adquiriendo a lo largo de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en nuestros hogares.
Es en donde se hace posible el amor, un afecto sin condiciones; en donde los padres que inician un pacto filial eterno, porque quieren a sus hijos porque son su continuación, no en razón de sus cualidades. «El hogar es un centro de intimidad y apertura».
Es en este espacio familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a profundizar, a reflexionar, es en ese ámbito donde se aprende el cultivo de las virtudes, el respeto que es el guardián del amor, la honradez, generosidad, responsabilidad, el amor al trabajo, gratitud, etc.
En nuestras casas nos invitan a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad y el corazón, para poder contribuir y abrirnos a las sociedades preparadas e íntegras. El amor de la familia es un remanso de paz.
Al hablar de familia podemos imaginar a un grupo de personas felices bajo un mismo techo y entender la importancia de la manutención, cuidados y educación de todos sus miembros, paro descubrir la raíz que hace a la familia el lugar ideal para forjar los valores, es una meta alcanzable y necesaria para lograr un modo de vida más humano, que posteriormente se transmitirá naturalmente a la sociedad entera.
El amor en los hogares, va más allá de los encuentros habituales e ineludibles, los momentos de alegría y la solución a los problemas que cotidianamente se enfrentan, ya que formar y llevar a la familia en un camino de superación constante no es una tarea fácil.
Pues, las exigencias de la vida actual pueden dificultar la colaboración e interacción porque ambos padres trabajan, pero eso no lo hace imposible, por tanto, es necesario dar orden y prioridad a todas nuestras obligaciones y aprender a vivir con ellas.
Es necesario reflexionar que el valor de la familia se basa fundamentalmente en la presencia física, mental y espiritual de las personas en el hogar, con disponibilidad al diálogo y a la convivencia, haciendo un esfuerzo por cultivar las virtudes en la persona misma, y así estar en condiciones de transmitirlos y enseñarlos.
Debemos saber, para que una familia sea feliz no hace falta calcular el número de personas necesarias e indispensables para lograrlo, mientras en ella todos participen de los mismos intereses, compartan gustos y aficiones y se interesen unos por otros.
Podríamos preguntarnos ¿cómo saber si en mi hogar se están cultivando los valores? si todos dedican parte de su tiempo para estar en casa y disfrutar de la compañía de los demás, buscando conversación, convivencia y cariño, dejando las preocupaciones y el egoísmo a un lado, sin lugar a dudas la respuesta es afirmativa.
Toda familia unida es feliz sin importar la posición económica, los valores humanos no se compran, se viven y se otorgan como el regalo más preciado que podemos dar, no existe la familia perfecta, pero si aquellas que luchan y se esfuerzan por lograrlo.
Redoblando esfuerzos.
Con renovados bríos, pero con medidas de austeridad, el gobernador del estado, conminó a todo su gabinete a seguir trabajando de forma intensa, para llevar más beneficios a los tamaulipecos, en este año 2020 que acaba de iniciar.
En este sentido, puso “las cartas sobre la mesa” para indicar que seguirán líneas para restringir gastos innecesarios, en esta administración estatal, y que en estos días vendrán tiempos de análisis hacendarios para hacer más con menos.
Bueno esto se debe a que de acuerdo al presupuesto de la federación, no resultó muy favorecida la entidad tamaulipeca, y no obstante de estos recortes monetarios se seguirá trabajando sin afectar los rubros prioritarios que más aquejan a la ciudadanía.