El melodrama del PRI tamaulipeco
José Ángel Solorio Martínez
¿El jefe del priismo regional durante los últimos 7 años –Egidio Torre Cantú–, o los residuos de la diezmada Nomenklatura del CEN priista?
Esa es la cuestión: (no) ser, o no ser…,
En efecto: no se vislumbra un liderazgo, que pueda re-articular una estructura tricolor en el estado pulverizada y con la moral en los suelos. En otras palabras: independientemente de quién quede al frente de esa agrupación política, el escenario que viene no cambia; es obligadamente siniestro.
Nomás para que le midan las aguas a los niveles económicos y de financiamiento, un dato: en los tiempos del PRI potente y competitivo, recibía más de 12 millones de pesos al año, de prerrogativas –por su abultada votación, y por su cobertura de autoridad–: gobernaba la mayoría de las alcaldías y el gobierno estatal.
Hoy, llegarán a sus arcas algunos 300 mil pesitos mensuales. Y lo pior –que es peor que peor–: no cuenta entre sus filas ni al gobernador, y menos a uno solo de los alcaldes de mayor potencia de la entidad.
(De las cuotas ni hablar: la clase política tamaulipeca, generó toda una enraizada cultura de no pago a su instituto político; con todo y que lucran con sus siglas. Algunos más que eso: fueron hechos personas de gobierno, mediante la lotería política: por la vía plurinominal).
A la patética conducta de los priistas enquistados en el presupuesto, se suma otra no menos impactante: el PRI tiene decenas de demandas laborales de militantes y trabajadores que no han sido justamente retribuidos. Los laudos en curso, son millones de pesos. Con un añadido: esas sentencias de la Justicia laboral, o se pagan o se pagan.
Es decir: los derechos de los trabajadores de deben garantizar sobre lo que sea. Y eso significa, que si ellos no reciben su pago, pasa el embargo como podadora para resarcir lo que les corresponde.
En efecto: estamos ante un escenario de terror: si el partido no paga, se le expropiarán sus bienes para que los demandantes sean felices.
Más claro: el tricolor en Tamaulipas, no sólo está perdiendo votos, está perdiendo también, sus coches, sus edificios y otros enseres.
De ganar la banda de Egidio –Tomás Gloria Requena–, el PRI tamaulipeco poco podrá hacer para revertir la ola trágica que se le avecina.
Y lo mismo: de triunfar Edgar Melhem Salinas –la Nomenklatura–, se percibe remoto remontar esos escenarios de oposición testimonial y fragmentada.
A todo ese oscuro paisaje para el tricolor, se adiciona una fracción parlamentaria local, de bajísimo perfil. Su agenda parlamentaria, no tiene ni orientación, ni profundidad ni coherencia. Yalheel Abdalá y Tino Sáenz, sus dos cartas de mayor peso, no se les ve estatura para instrumentar un debate parlamentario contra un panismo mayoritario y un lopezobradorismo en ascenso en el Congreso tamaulipeco.
Al priismo, se le olvida, que sus acciones, impactan en la esfera regional y no en el ámbito nacional. No entienden, que su adversario real no es MORENA, y sí el PAN. Con su errática postura, han dinamitado una alianza que pudo –o puede– ser productiva con los legisladores de filiación lopezobradorista.
Pero no: creen que su rabiosa oposición a las políticas del Presidente Andrés Manuel López Obrador, los va a posicionar entre el electorado tamaulipeco. (Pifia: el Presidente anda con más de un 70 por ciento de aceptación en la entidad).
En esos niveles de política anda el priismo de la comarca.
No sólo es la falta de liderazgo.
Es a la vez, la ausencia de olfato e intuición políticas en la escasa militancia que aún confía en un PRI que insiste en presentarse como un defensor de las políticas neoliberales que llevaron al país a situaciones graves en los planos político, económico y social.
En ese sentido, con Chana o con Juana, el Institucional insiste en exhibir una vida de telenovela: el melodrama a todo lo que da…