CONFIDENCIAL

ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.

El escándalo de corrupción que sacude al INE, y que ha puesto bajo la lupa a organismos electorales estatales, provoca inevitablemente una interrogante: ¿Qué hacen los encargados de los Órganos de Control Interno?

Los órganos de control interno están, precisamente, para cuidarles las manos a los titulares de las dependencias públicas, incluyendo por supuesto los llamados organismos autónomos. Su principal función es impedir que los funcionarios se despachen con la cuchara grande, hagan negocios con los contratos o manejen el presupuesto como si fuera suyo.

La ley enlista con claridad una serie de responsabilidades para ellos. Deben revisar compras, nóminas, obras, contratos y programas; practicar auditorías, atender denuncias y detectar irregularidades. También les toca verificar que los servidores públicos cumplan la ley. Para eso tienen personal, oficinas y un presupuesto público.

Y además tienen “dientes”, porque pueden investigar conductas indebidas, sancionar faltas administrativas no graves y denunciar posibles delitos ante las autoridades competentes. Es decir, no fueron creados para llevar la cuenta de los clips ni para firmar documentos inútiles.

Pero no nos engañemos. En las oficinas públicas, vigilar al jefe no siempre es tan sencillo como lo plantea la ley. Sobre todo cuando el futuro laboral del vigilante depende de decisiones tomadas arriba.

Imagínese a un responsable del control interno que descubre una compra inflada. Debe investigar, desde luego. Pero también sabe que incomodar a un superior puede costarle la chamba. Y cuando llega ese momento, no todos tienen el valor de actuar.

Ahí está el problema de fondo. No basta con darles facultades si no cuentan con suficiente independencia y respaldo para ejercerlas. Un órgano de control interno que trabaja con miedo difícilmente podrá ponerle un alto a quien abusa del cargo.

Tampoco sería justo decir que todos son omisos o que todas las dependencias esconden negocios turbios. Pero la confianza pública no se gana con un nombramiento ni con discursos sobre honestidad. Se gana mostrando que las revisiones sirven para algo.

Por eso sería saludable conocer los resultados de los órganos de control interno de Tamaulipas. ¿Cuántas auditorías hicieron? ¿Qué encontraron? ¿Cuántos funcionarios fueron sancionados? ¿Qué denuncias presentaron? Si su trabajo es cuidar el dinero público, también deben rendir cuentas claras.

Ojalá el escándalo del INE sirva para abrir esta discusión y revisar cómo trabajan los órganos en el estado. Hacen falta garantías para investigar sin represalias, no oficinas de adorno.

Porque quien teme perder la chamba termina cuidando otras cosas.

EL RESTO.

LA CULPA ES DEL PASADO.-Es evidente la ausencia de autocrítica en el partido oficialisa. Ellos nunca se equivocan. Jamás aceptan cuando uno de los suyos incurre en corrupción o, para decirlo claro, resulta un pillo (o pilla). Siempre encuentran o buscan el modo de sacarle la vuelta al bulto.

Referencias hay muchas, pero sin duda la más reciente es la del escándalo en el INE.

Resulta que ahora el partido en el poder busca deslindarse de Guadalpe Taddei, argumentando que no pertenece a Morena, cuando en su momento fue ese partido quien la impulsó para que presidiera el INE. Tras su designación multiples voces morenistas, entre ellas por supuesto la del expresidentes Andrés Manuel López Obrador, destacaron en coro “su trayectoria impecable”.

Pero no solo quieren deslindar de Morena a Doña Lupe, sino que promueven y exigen a las instancias competentes que hagan una investigación de lo que sucedía en el INE durante al menos los últimos 20 años, bajo el argumento de que las mismas empresas que hacían “negocio” con Tadeei lo hacian igual con otros presidentes del INE.

Dicho de otra forma, Morena quiere culpar nuevamente al pasado.

Por eso le digo que son incapaces de aceptar un error. No entienden que si admitieran culpa sería más fácil disminuir el daño mediático y social. Pero nunca lo van a hacer porque les gana la soberbia. Y la soberbia no solo es mala consejera, también es letal, porque la ciudadanía la detesta, sobre todo cuando los soberbios forman parte del gobierno.

¿O no cree usted?

ASÍ ANDAN LAS COSAS.

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