La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
El caso Taddei, detonó una de las telenovelas del ambiente público -no por recurrente, menos interesante- más relevantes en la historia política contemporánea. Un desenfrenado amor -pasión, quizá sea el término que más lo describa-, dinero, poder, ambición y familia deslumbrada por el oro, trazan el argumento poli-sentimental de los protagonistas de primera y segunda fila.
Mostró con sus acciones, que el empoderamiento de las mujeres conlleva las mismas debilidades de los hombres.
En el pasado, como ahora, existen ejemplos que muestran a nuestras políticas con esencias ética y moral, de similar contextura que los varones en el servicio público.
En recientes fechas, la defensa de esas damas fue de acusar a sus críticos como misóginos; considerar, que la fuente de sus incomodidades era la arrolladora irrupción de la mujer en las esferas de la autoridad.
Bastaba una opinión adversa del accionar femenino, para ser acusado de atacar a las nuevas estrellas en el escenario público. En su defensa, los aliados de ese feminismo convenenciero calificaron al pensamiento divergente de esa retórica como ofensivo y retardatario porque frenaba el avance en todos los ámbitos de la sociedad de las féminas.
Hace años, Rosario Robles, era la figura más rutilante del escenario de izquierda en México. Un galán extranjero, la enamoró irracionalmente y le entregó la llave del tesoro de la ciudad en donde dispuso a discreción.
Posteriormente, reconoció que todo lo había hecho por amor.
Y sí: eso se infiere de su actitud laxa; idiota, como se consideraba en la Grecia Clásica a quienes caían en la red de Eros.
No es exagerar: si no hubiera incurrido en esas obvias tentaciones del poder, probablemente hubiera sido la primera presidenta de la república.
El seductor argentino, no perdió oportunidad para presumir el control que tenía de la cincuentona desquiciada.
En varias ocasiones la invitó a cenar en París -al parecer, nuestros políticos están obsesionados con la ciudad luz-. Robles ni tarda ni perezosa le preguntaba:
-¿Cuándo?
-Hoy en la noche.
-Tomo el avión y llego- decía la jefa de gobierno.
El conquistador no se midió:
“Ahí tienes mi avión, para que llegues a tiempo”.
Complicado para una dama rechazar ese tipo de oferta.
La golosa Taddei, no es la última que saldrá herida por los flechazos de Cupido.
MORENA también entró en esa moda. Tuvimos bajas en la lista de precandidatas; maciza, solidez incuestionable -exsecretaria, exlíder nacional-, perdió de vista la lucha por el poder del país, la cual obliga a afilar la inteligencia emocional como uno más de los instrumentos para encumbrarse en la práctica pública mexicana.