La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

Las granjas de bots de la alcaldesa de Tampico, Tamaulipas, Mónica Villarreal Anaya, están trabajando a marchas forzadas. Tratan de revertir el desgaste que su figura pública ha sufrido, por sus erráticas acciones de gobierno y su enriquecimiento intempestivo e inexplicable.
Hasta ahora, no han podido atemperar la avalancha de críticas.
Las redes sociales están pletóricas de ira y desaprobación social.
No es exageración, hablar de un colapso gubernamental en el puerto.
Está anunciado para hoy, una movilización de ciudadanos descontentos con la “desincorporación” -le llama, recordando los mejores tiempos neoliberales- de predios para la construcción de un lujoso hotel en la Laguna del Carpintero.
Mala señal cuando la gente sale a la calle para protestar.
Algo extraño está pasando con la administración estatal. No se ven indicios, de la mano oficial para encausar o resolver los graves problemas sociopolíticos que enfrenta Mónica.
Desde el inicio de su administración, se le ha permitido ejecutar medidas gubernamentales del todo cuestionables que eran fáciles de prever por la explosividad de sus consecuencias.
Con varias comunidades porteñas está confrontada, distanciada.
Inició con la donación de un predio de varias hectáreas, para la instalación de una iglesia protestante ministerio Pan de Vida en la colonia Villahermosa. El terreno tenía un costo de 35 millones de pesos.
Obvio: los vecinos de esa comunidad urbana están trinando; y no de gusto.
En seguida, para hacerle un favor a un Cbtis trató de desalojar a los estudiantes de la Prepa Medina Cedillo del inmueble, de una manera grosera y sin tacto.
Era de esperarse: la comunidad de la Prepa que tiene 75 años de funcionar por cooperación la corrieron del plantel cuando quiso dorarles la píldora para que le entregaran el edificio.
¿Qué pasó?
Casi nada: padres de familia, profesores y estudiantes, repudian a la alcaldesa.
Varias ocasiones han salido a la vía pública a externar su inconformidad.
Lo más reciente es el hecho que tiene a Tampico en vilo: el regalo -hurto a los tampiqueños- para levantar un hotel en los humedales y manglares de la Laguna del Carpintero.
El acontecimiento ya tiene en la protesta de calle, a ambientalistas inconformes con la medida obscenamente privatizadora.
Un error tan mayúsculo sólo podría traer consecuencias mayúsculas: la comunidad artística, se adhirió a la inconformidad social y plasmó en un mural el despojo de los bienes públicos patrocinados por la alcaldesa Villarreal Anaya.
Otro frente innecesario de Mónica.
Desató el enfado de los artistas plásticos y grupos ambientalistas, por torpe decisión: borró la pintura de Serko Graft, en un acto que fue considerado por la mayoría como censura e intolerancia.
La ingobernabilidad se enseñorea en Tampico.