Palabras libres

Por Edgar Joel Yépez Ibarra

No es mentira afirmar que la corrupción, la impunidad y la desmedida ambición forman la trágica fórmula que asfixia el sueño de construir sociedades verdaderamente humanas.

Mientras estos males sigan imperando por obra de quienes saquean el patrimonio nacional, y mientras la justicia no alcance a quienes causan tanto dolor, el tejido social -ese abrazo invisible que nos une- y la confianza colectiva seguirán sangrando.

Durante décadas, la corrupción ha ido desgarrando la esperanza de un México más luminoso y fraterno.

Entendamos que no habrá un auténtico renacer, ni florecerán ciudades dignas, ni cesará el miedo ante la inseguridad mientras las instituciones no se abran de par en par a mujeres y hombres de profunda estatura ética y vocación humana para servir.

Entendamos que para hacer realidad la transformación social se necesitan almas templadas para el servicio, que no lleguen al poder con hambre de riqueza, sino con la sagrada conciencia de servir; seres íntegros y lúcidos, capaces de vencer la tentación del soborno y del beneficio efímero.

Es urgente rescatar los valores esenciales y sembrar la ética más allá de los colores partidistas.

Fortalecernos en la ética, aplicar justicia sin distingos de colores, -castigar a los de ayer y a los de hoy-, solo así sanaremos el alma de nuestra patria, recuperaremos la fe y la esperanza y haremos florecer, por fin, un humanismo verdadero.