Crónicas del Descaro:
Por José Gregorio Aguilar
Octubre 12, 2026
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) nos regala otra escena digna de esta columna. Alfonso Cepeda Salas, su dirigente nacional, decidió que en Tamaulipas no habrá elecciones sindicales en 2026 para renovar la Sección 30, porque en 2027 habrá elecciones constitucionales y no quiere “empalmes”. Qué delicadeza.
Pero cuando se trata de él mismo, el argumento se dobla como plastilina: en 2027 sí habrá elecciones nacionales para renovar al Comité Ejecutivo Nacional. Es decir, para los seccionales “no se puede porque se empalma”, pero para Cepeda “sí se puede porque soy yo”. El descaro elevado a norma.
El profesor Miguel Ángel Tovar Tapia, activista educativo y de los pocos que se atreven a hablar con argumentos, lo dijo sin rodeos: la jugada es mantener a los secretarios seccionales vencidos en funciones para asegurar la continuidad del dirigente nacional. No vaya a ser que nuevos liderazgos locales compliquen la reelección del gran jefe. Mejor congelar la democracia sindical en los estados y abrirla solo donde conviene.
Y aquí surge la pregunta incómoda: ¿dónde están los demás aspirantes? ¿Por qué nadie levanta la voz? ¿Por qué solo Tovar Tapia se atreve a señalar la incongruencia? El silencio de quienes deberían reclamar es tan ensordecedor como revelador. Parece que la base magisterial se ha acostumbrado a que la democracia sindical sea un privilegio administrado desde arriba, y no un derecho que se ejerce desde abajo.
La comparación con la Universidad Autónoma de Tamaulipas es brutal: jamás se han suspendido elecciones de rector o directores porque haya procesos políticos. Pero el sindicato sí se da el lujo de manipular tiempos y reglas. Autonomía selectiva, le llaman. Y la base, mientras tanto, observa con resignación, como si el mugrero fuera parte natural del paisaje sindical.
Para colmo, el voto universal se aplica en congresos estatales, pero no en el nacional. Ahí sí, que nadie se emocione con la democracia. El descaro es tan grande que ya ni se molestan en disimular: se vota cuando conviene y se suspende cuando estorba. La base calla, los aspirantes se esconden, y el dirigente sonríe.
El SNTE nacional nos recuerda que la democracia sindical no es un derecho, es un privilegio administrado a conveniencia. Y mientras la base calla, el mugrero se institucionaliza