Reflector/Gilda R. Terán.

La violeta es una planta perenne pequeña que se encuentra en varias regiones del
hemisferio norte, conocidas científicamente como Viola, estas plantas prosperan en climas
templados y pueden encontrarse en bosques, praderas y jardines.
En muchas culturas, están vinculadas a la sabiduría espiritual y a la perspicacia, ya que la
delicada e intrincada estructura de la flor violeta ha inspirado pensamientos meditativos y
contemplativos, simbolizando una profunda conexión con el mundo espiritual y una
comprensión de los misterios más profundos de la vida.
Las violetas púrpuras son las más comunes y a menudo se consideran símbolos de
espiritualidad y mística, su color evoca una sensación de profundidad e introspección,
animando a mirar hacia dentro y buscar verdades superiores.
Se contempla, que las de color azul simbolizan el amor y la fidelidad. El calmante tono de
las violetas azules transmite una sensación de paz y confianza, a menudo como símbolo de
afecto y lealtad inquebrantables.
Además, las violetas ocupan un lugar especial en diversas culturas y religiones, en el
cristianismo, el significado incluye asociaciones con la Virgen María, simbolizando su
humildad y modestia, también está vinculada a la historia de San Valentín, de quien se dice
que utilizó violetas en su ministerio.
En la Antigua Grecia y Roma, eran un símbolo de amor y fertilidad, los griegos también
asociaban las violetas con la diosa Perséfone y creían que las flores eran un signo de
primavera.
Además, los romanos las usaban para hacer vino y guirnaldas, y creían que las violetas
podían proteger contra los espíritus malignos y traer la paz, y se usaban a menudo en los
ritos funerarios para simbolizar el recuerdo y la paz.
Y durante la Edad Media, eran valoradas por sus propiedades medicinales, se usaban para
tratar diversas dolencias, incluyendo dolores de cabeza, insomnio y afecciones cutáneas,
también se creía que las violetas tenían un efecto calmante y se usaban en pociones de
amor.
En la época victoriana, el «lenguaje de las flores» se popularizó, y las violetas formaban
parte importante de esta tradición, simbolizaban modestia, fidelidad y amor eterno, solían
incluirse en ramos y regalos para transmitir estos sentimientos.
Pero, hoy en día, son populares en jardines de todo el mundo por sus flores hermosas y
delicadas y su capacidad para prosperar en diversas condiciones, se han desarrollado
muchas variedades híbridas, ampliando la gama de colores y formas.

Todavía se utilizan en platos culinarios, especialmente en postres y como guarniciones. Las
violetas confitadas son un capricho popular, y el jarabe y el licor de violeta se utilizan en
cócteles y pastelerías.
Han sido protagonistas en la literatura y el arte durante siglos, por ejemplo, Shakespeare
mencionó violetas en varias de sus obras, incluyendo «Hamlet» y «El sueño de una noche
de verano» y siguen inspirando las artes, la cultura, las artes culinarias y la religión hoy en
día.
Por cierto, el ITCA del Gobierno del estado, anda a todo vapor, con funciones
esplendorosas del Festival Internacional en la Costa del Seno Mexicano, y justamente
“como las violetas” vino la cantante Manoella Torres a enamorar con su magia para cantar.
La cita fue, en el Teatro Amalia González de Castillo Ledón, el cual estaba a reventar, y
claro que así tenía que ser, pues la gran Manoella llego para volcar el alma de los años
dorados, de un romanticismo que nunca muere.
Y es que, “La Mujer que nació para cantar”, arrasó con su música, a decir verdad, sus
trovas fueron medicina para el alma, porque recordar es volver a vivir aquellos días del
auge de esta portorriqueña, en fin, fue una velada musical inolvidable.
Hasta la próxima.
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