La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
El administrador estatal de la cultura en Tamaulipas, Héctor Romero Lecanda, no se quebró la cabeza; ni se quemó siquiera una de sus delicadas pestañas, para delinear un proyecto artístico-cultural acorde a los tiempos convulsos de la entidad; ni se esforzó para aterrizar su propuesta personal para dinamizar la iniciativa de la comunidad creadora.
Nada de eso.
Utilizó el rápido método de cortar y pegar -herramienta del Word- con la finalidad de reeditar como máxima fiesta cultural del estado el Festival de la Costa del Seno Mexicano.
¿Y qué es el Festival de la Costa del Seno Mexicano?
Fue un esfuerzo del pasado 1987-1993 sexenio del gobernador Américo Villarreal Anaya, para promocionar la cultura y las artes.
Podemos decir, que fue un grande aporte de esa memorable tarea gubernamental. No hacía énfasis en ninguna de las artes; todas, en igual magnitud se exponían y se ponían al alcance de los ciudadanos.
Hubo edición y publicación de libros de excelente factura.
Hay que decir, que en ese tiempo había un grupo de narradores tamaulipecos que competían con los creadores nacionales; igual en dramaturgia y en la poesía.
A 40 años -del inicio del festival- mucho ha cambiado el mundo y la cultura. Uno de los artes más vulnerados por los embates de la tecnología son las letras, la literatura. Cada vez se lee menos y lo que se lee, es de pésima calidad; se quedó atrás el placer de la lectura, arrasado por el enajenante código de comunicación de las redes sociales.
¿Hay algún estudio del estado de la cuestión de la cultura tamaulipeca?
No que se sepa.
Eso es justamente el reclamo contra Romero Lecanda.
¿Cómo se piensa incentivar la cultura y las artes sin conocer un diagnóstico real de sus pasivos y sus activos en esas disciplinas?
El FCSM, puntualiza en la cultura auditiva y visual.
Justamente lo que ofrecen las redes sociales con su degradante carga cognitiva.
Sobre la lectura -es decir la literatura- nada.
Por lo menos, vamos 40 años rezagados; y en mucho, le debemos el milagrito a Romero Lecanda; un nuevolaredense achilangado que vino -como decía Tacha, la novia de Porfirio Cadena- sólo a “peller la sia”.
Mejor papel hubiera hecho si el festival lo organizara la SET. Los profesores, son excelentes coordinadores de ese tipo de tareas.
Sería lo mismo, pero más barato.
A Romero Lecanda, le haría bien regresar a la CDMX.
Haría felices a muchos tamaulipecos.
Lo de él, lo de él, son los coloridos festivales con sus amiguitos de la marea rosa.