Palabras libres

Por Edgar Joel Yépez Ibarra

Necesitamos cambiar las promesas vacías que chocan de frente contra el muro de la realidad por un compromiso verdaderamente humano; un compromiso de raíces hondas y honestas que nos devuelva la fe en que vamos por el camino correcto.

Quien porta la luz de un humanismo auténtico no miente ni hace de la miseria ajena un negocio; no despoja el tesoro público para beneficio propio. Simplemente trabaja con honestidad y capacidad y aplica una justicia pareja, donde la ley no se doblega ante los amigos ni se convierte en látigo exclusivo para los adversarios.

Quien ama de verdad a la humanidad comprende que el poder no se hizo para lastimar. No hiere con el filo de las palabras ni ocasiona dolor social con los actos. Entendamos que no habrá humanismo posible si con nuestras conductas deshonestas sembramos espinas afectando a los demás.

Mientras nos digan que todo marcha bien cuando las calles carguen el peso del abandono y la sombra de la inseguridad siga como desde hace décadas, no hablemos aún de humanismo.

Urge limpiar, depurar, las instituciones públicas y de todos los partidos políticos. Urge expulsar la ambición desmedida y el apetito de riqueza fácil que no tienen bandera ni color y se han colado en todas partes. Es imperativa la regeneración de las instituciones desde la raíz para levantarnos como nación; de lo contrario, seguiremos atrapados en la rueda de los intereses mezquinos y estancados en el dolor de siempre.

Urge sanarnos como personas y como sociedad para heredar honestidad, respeto, humanismo a quienes vienen atrás de nosotros.