Palabras libres
Por Edgar Joel Yépez Ibarra
Hagamos lo posible por rescatar la humanidad en estos tiempos que amenazan con vaciarse de nobleza. Hagamos regresar a casa lo único que nos otorga grandeza interior: los firmes cimientos para renacer, paso a paso, como personas y como sociedad.
No hay otro camino para sanar el alma colectiva que abrir de par en par las puertas y ventanas del hogar para el retorno de los valores éticos y morales.
Se repite con razón que la infancia y la juventud son nuestro tesoro más preciado y la gran promesa del porvenir. Sin embargo, poco lograremos construir si no fortalecemos su espíritu desde el origen. Si no los nutrimos, desde la calidez del hogar, con aquello que acaricia los sentimientos y guía la conducta -la belleza de los valores, la educación viva, el buen ejemplo y todo lo que ensancha la dignidad-, seguiremos transitando en una sociedad confrontada por la ambición, dividida por colores y trincheras partidistas, que camina con miedo entre fragmentos de vidas rotas a la espera de un rescate que parece no llegar.
Sin valores no habrá un presente ni un futuro libres de miedo; solo habrá hogares huecos y sociedades desprovistas de alma.
La ausencia de principios, el uso deshumanizado de la tecnología digital y la ambición ciega por escalar a costa de lo que sea nos han alterado tanto, que hoy deambulamos sin rumbo.
Tenemos el pulso de la sensibilidad anestesiado por el brillo efímero y estéril de querer ser más que los demás, olvidamos lo verdaderamente esencial de la grandeza humana: transitar por la vida sin pisar a nadie.