El Patinadero

Juan Antonio Montoya Báez

En el interior del Partido Acción Nacional (PAN) hoy se predica la civilidad, la dirigencia estatal ensaya una supuesta mano firme, buscan evitar que sus aspirantes se canibalicen en una guerra intestina que simplemente no los llevará a buen puerto.

Lo curioso es que las cuentas de los panistas en Tamaulipas verdaderamente parecen muy alegres; juran que tienen posibilidades reales de mantener los municipios que gobiernan y, de paso, recuperar los que perdieron en el pasado por culpa de su propia soberbia y pésimas administraciones.

Bajo esa lógica optimista, el panismo da por hecho que mantendrá la alcaldía de Río Bravo. Ahí, el actual alcalde Miguel Ángel Almaraz Maldonado —con todos sus oscuros antecedentes, asegunes y mitos procesales— parece tener el control absoluto de las estructuras.

Según los comentarios del café, Almaraz realiza un trabajo «medianamente aceptable» administrando la hacienda municipal; al menos eso es lo que presume en sus redes sociales, donde arrastra un nutrido caudal de admiradores.

La gran ventaja de Miguel Ángel es que sus aplaudidores parecen perfiles reales, a diferencia de varios secretarios del Gobierno del Estado que dependen de infames granjas de bots para que salgan en su defensa, una herramienta cibernética que resulta inútil ante el tamaño de sus pifias.

En estos tiempos de tanta mediocridad gubernamental, ser «medianamente aceptable» ya te convierte en un ser sobresaliente. Almaraz es el clásico tuerto en el país de los ciegos: medio ve, medio hace y medio ejecuta, lo cual ya es ganancia cuando el estancamiento se apodera de los servicios públicos y la ciudadanía se cansa de esperar lo mínimo.

Además de Río Bravo, el PAN se siente seguro de retener Valle Hermoso, pero hay otras latitudes donde ya despliegan las banderas del triunfo. Los panistas miran con codicia hacia Nuevo Laredo, convencidos de que  (YAC) tiene la mesa puesta para cobrar venganza.

En la pasada contienda rozó la victoria, pero le tocó competir contra el pesado apellido y la aprobada gestión de Carmen Lilia Canturosas. Sin embargo, si el destino le pone enfrente a la favorita de los pasillos del poder, la secretaria de Desarrollo Económico, Ninfa Cantú Deandar, la contienda perdería toda emoción.

Ninfita simplemente no es competencia; padece una alarmante falta de oficio político, nula conexión con el pueblo y una distancia sideral con los neolaredenses, demuestra con creces que le falta sentido común y está muy lejos de la filosofía humanista que tanto cacarea la cuarta transformación.

El otro escenario interesante es Tampico. Ahí la lógica dice que la alcaldesa Mónica Villarreal Anaya buscará la reelección cobijada por las siglas de Morena. No obstante, los estrategas azules aseguran que si lanzan al diputado federal Jesús «Chucho» Nader o al legislador local Pepe Shekaibán, cualquiera de los dos podría derrotarla, y si juegan en fórmula, se volverían prácticamente invencibles.

Sin embargo, la verdadera joya de la corona para el panismo es Ciudad Victoria. No tanto por el peso de su padrón electoral, sino por su tremendo simbolismo político.

Ganar la capital se convertiría en la punta de lanza perfecta para que el actual secretario general del PAN y diputado federal, César Augusto «El Truko» Verástegui Ostos, intente buscar la gubernatura por segunda ocasión. Eso sí, ahora se presentaría plenamente divorciado y emancipado del exgobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca.

Por eso, en la capital del estado el PAN prepara una encuesta interna para medir los niveles de popularidad entre sus dos más recientes y llamativas adquisiciones empresariales: Jorge “Tico” García y Juan José “Juanjo” Salazar.

Ambos personajes acaban de brincar al barco azul en igualdad de circunstancias tras sus respectivos berrinches en Morena y Movimiento Ciudadano. Los dos traen ganas, recursos propios y potencial para aportarle puntos a la causa; si logran amarrar la alianza formal con lo que queda del PRI, armarían una fórmula sumamente competitiva.

Desde luego, el éxito de esta carambola panista está supeditado a los errores de Morena, que en la capital no tiene margen de equivocación. Hasta el momento, algunos de los aspirantes favoritos del tercer piso del Palacio de Gobierno son recibidos con cajas destempladas por la militancia y huelen a derrota anticipada. Si Morena quiere sobrevivir en Ciudad Victoria, tendrá que seleccionar a sus mejores cartas, frenar las puñaladas por la espalda y transparentar sus procesos mediante una encuesta honesta, no una simulación.

Mientras tanto, «Tico» y Juanjo tienen una oportunidad de oro, pero primero deben domar sus egos. Tendrán que ponerse de acuerdo y permitir, sin egoísmos ni pataleos, que la medición dicte quién será el abanderado definitivo. Deben entender, de una vez por todas, que la silla es para uno solo, y que el proyecto exige madurez: nada de chantajes mediáticos ni amagos de volverse a cambiar de partido si los números no los favorecen. Al final, el PAN solo busca pavimentar el camino en las alcaldías para ir, de nueva cuenta, por la presa mayor llamada Tamaulipas.

Bueno, por hoy es todo.
Cerramos con el patinazo… miren que cambiarse tanto de camiseta puede terminar desgarrando las costuras del triunfo.

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