Palabras libres
Poe Edgar Joel Yépez Ibarra
El respeto al reglamento escolar es uno de los elementos más valiosos para construir la disciplina y la armonía social que tanta falta nos hacen.
Escribo estas líneas a raíz de la inconformidad expresada recientemente por algunos alumnos y padres de familia ante los directivos, en diferentes entidades, debido a la restricción de acceso al aula a quienes portaban el cabello largo o la falda más corta de lo reglamentado, normas que previamente habían sido firmadas y aceptadas. Ante esta situación, la CNDH expresó que impedir la entrada a clases podría vulnerar el derecho a la educación.
Construir disciplina y valores es una tarea fundamental que inicia en el seno familiar. Impedir el acceso a quienes infringen el reglamento no constituye una negativa al derecho a la educación; por el contrario, solapar estas faltas debilita el orden institucional.
La educación, el respeto y la disciplina son pilares inquebrantables, y corresponde a los padres, desde el hogar, inculcar con el ejemplo valores como el orden, la empatía y la responsabilidad.
Por lo tanto, los padres de familia deben acatar sin condiciones, con disciplina y humildad el reglamento escolar, no solo para dar un buen ejemplo a sus hijos, sino para contribuir a la formación de ciudadanos respetuosos y respetables.
Como medida preventiva, quizá sea conveniente que, al inicio de cada ciclo escolar, los directivos envíen a la representación local de la CNDH una copia del reglamento escolar debidamente avalado y firmado por los padres de familia, garantizando así la transparencia y el acuerdo mutuo. Y desde luego que, por seguridad, la escuela debe mantener en su interior a los alumnos hasta que el padre, la madre o el tutor pasen por ellos.