Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
Señoras, señores, niñas y niños que aprendieron a hacer un sticker antes que a leer la Constitución: Aguas.
En México puedes pasar años esperando que castiguen un asesinato, un robo o un fraude. Pero cuidado con el meme.
No porque exista una “Ley Antimemes”. No existe. Nadie ha aprobado una ley que diga que hacer un meme sea delito.
Lo que existe es algo más mexicano: leyes escritas para asustar primero y explicarse después.
El problema empezó con la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial. Ya existía. La reformaron en abril y ahora le quieren meter otra mano. Ahí nació el artículo 403 Bis.
En su primera versión castigaba con cárcel y multas de 117 mil a 1 millón 173 mil pesos a quien usara, para hacer negocio, la imagen oficial de una institución pública y hiciera creer que era el gobierno.
¿Para qué? Para evitar fraudes. Hasta ahí, de acuerdo.
Nadie tiene derecho a armar una página falsa del SAT. Nadie debe inventar una vacante del IMSS para sacarte dinero. Nadie puede hacerse pasar por el gobierno para pedirte datos o depósitos. Eso no es un meme. Eso es fraude.
El problema es que no lo escribieron así de fácil.
Lo escribieron tan amplio que la oposición gritó cárcel para el que haga memes y el gobierno salió a decir que no era contra los memes.
Cuando un gobierno necesita conferencia para explicar que una ley no dice lo que parece, algo salió mal. Una buena ley se entiende. Una mala ley necesita traductor.
Ayer, en comisiones del Senado, corrigieron: debe haber intención de cometer un delito.
Ya no es el meme de Mario Delgado en WhatsApp. Es el tipo que copia el logo del SAT, te pide cinco mil pesos y desaparece. Ese merece cárcel. El de tu tía merece que la saquen del grupo.
Hasta que no se vote en el Pleno y se publique en el Diario Oficial, el 403 Bis no existe. Corrigieron. Bien.
El gran misterio es por qué la claridad llega después del escándalo y nunca en el primer borrador.
Ése es nuestro deporte nacional. El albur.
Primero la ley que nadie entiende. Luego el incendio. La oposición grita censura. El gobierno dice que es mentira. Los senadores corrigen. Y el único con derecho a estar confundido era el ciudadano.
En Diputados va la otra mitad: derechos de autor. Fotos, canciones, videos, voces. Internet no es una caja de cosas gratis. Una canción tiene dueño. Una foto también. Que esté en la red no la hace tuya.
El problema es cuando le dices a las empresas de internet que pueden pagar hasta 4.7 millones de pesos si no actúan contra quien una y otra vez usa material ajeno. No por el sticker. Por el miedo. Borrar primero. Preguntar después. El miedo también censura. No necesita patrulla. Basta con pensar: “Mejor lo borro”.
¿Puedes mandar el sticker del Peje con lentes? Sí.
Respire. Todavía no viene la Guardia Nacional por usted.
Hacer un meme no es delito por hacerlo. Hacerse pasar por el gobierno para robar sí puede serlo.
Usar lo de otro no se vuelve legal porque le pusiste letras y nos dio risa.
Así debería decirlo la ley. En México usamos veinte páginas para lo que cualquier señora explica en el mercado: no robes, no engañes, no te hagas pasar por otro. Y deja que la gente se ría.
La sátira no necesita un SAT pirata. El fraude sí. El meme busca que te rías. El fraude busca tu cartera.
Si no pueden distinguirlo en una oración, el problema no es que el mexicano no entienda la ley. El problema es quién la escribe.
No hay “Ley Antimemes”. No van a encarcelar a tu tía por un sticker. Lo preocupante es una ley para delincuentes tan abierta que primero preguntemos si también alcanza al que hace reír.
Una democracia protege sus logos, a sus artistas y persigue estafadores. Y aguanta carrilla. Un gobierno que soporta una elección debería sobrevivir a un meme.
Mientras no se publiquen, son proyectos.
Así que, banda: siga haciendo memes. Nada más no abra un SAT pirata para cobrar por ellos.
Una cosa es hacer reír al pueblo. Otra muy distinta es chingárselo.