CONFIDENCIAL

Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.

Era la madrugada del 14 de marzo de 2021. Mario, dueño de un antro en Ciudad Victoria, recibió una llamada a su celular: “Ya te dimos muchas oportunidades y no quisiste pagar. Tienes hasta el mediodía para irte a la ch… Si te vemos aquí, ya sabes lo que sigue”.

No lo pensó dos veces. Sabía que la advertencia era real. Días antes ya le habían dado pruebas de que hablaban en serio, cuando a medianoche le dispararon a la fachada de su casa.

Esa misma madrugada de marzo, tan pronto cortó la llamada, despertó a sus dos hijos y a su esposa. Les pidió que empacaran con prisa lo más indispensable y, antes de que amaneciera, ya estaba tomando carretera. Desde entonces vive en Estados Unidos.

Mario cuenta lo difícil que fue dejar todo: “Pero estaba de por medio mi vida y la de mi familia. No tenía otra alternativa. El pago que exigían era demasiado. Aceptarlo significaría prácticamente trabajar para ellos. Traté de explicarles que las ganancias no eran tantas como pensaban, pero no me creyeron”.

Su casa sigue abandonada. El local donde tenía el antro lo entregó a su dueño porque solo lo rentaba. Pero perdió el mobiliario porque no tuvo tiempo para venderlo. “Lo importante es que mi familia y yo estamos vivos”, razona.

La historia de Mario es real. Nos la contó hace pocos meses, cuando lo encontramos en un centro comercial del Valle de Texas, en Estados Unidos.

Y la traigo a la mesa porque resulta propicia ante las cifras de la Encuesta Intercensal 2025 que acaba de dar a conocer el INEGI, en la cual revela que 14 mil 600 hogares tamaulipecos se vieron afectados por el desplazamiento forzado a causa de la violencia y la inseguridad durante el periodo comprendido entre 2020 y 2025.

El instituto precisa que esos hogares estaban integrados por 46 mil 900 personas, pero al menos una de cada hogar tuvo que cambiar de residencia. Bajo esa situación, se infiere que, como mínimo, 14 mil 600 tamaulipecos fueron desplazados por la violencia, aunque la encuesta no establece cuántos abandonaron el estado y cuántos se trasladaron a otro lugar dentro de Tamaulipas.

Es una verdadera tragedia. Solo así puede llamársele al drama que vive una familia que se ve obligada a dejar todo de un momento a otro, porque la única prioridad es salvar la vida. Dejar una casa, un negocio, los amigos y los recuerdos de toda una existencia no es una decisión que se tome por gusto. Es una decisión que impone el miedo.

Es cierto que la inseguridad y la violencia en Tamaulipas han disminuido respecto de los años más críticos. No se compara para nada con lo que la entidad vivió entre 2010 y 2015, cuando imperó una etapa de terror. Sin embargo, el fantasma sigue presente. Todavía hay municipios, sobre todo en la frontera, donde las historias de Mario se siguen repitiendo. Familias que abandonan lo construido durante años porque alguien decidió que ya no pueden vivir en su propia tierra.

Ojalá pronto el Gobierno encuentre el camino para ser más eficiente en el combate a la inseguridad, sobre todo esa que genera la delincuencia organizada. Esa inseguridad que se manifiesta con la extorsión, la desaparición de personas y el asesinato. Porque una cosa es que las estadísticas oficiales reflejen una disminución de los delitos y otra muy distinta es que las familias puedan vivir tranquilas, sin temor a recibir una llamada que les cambie la vida para siempre.

Ese es un anhelo de todos los tamaulipecos y de todos los mexicanos. No importa qué partido gobierne. Lo que importa es que haya resultados. Que nadie tenga que abandonar su casa, su negocio o su ciudad para seguir con vida. Que historias como la de Mario dejen de repetirse y que el miedo no siga decidiendo dónde pueden vivir las familias.

EL RESTO.

SE ACABÓ EL DESCANSO.- El próximo jueves inicia el penultimo periodo ordinario de sesiones de la 66 legislatura local. Luego de 3 meses de descanso, los 36 legisladores deberán regresar formalmente a sus curules.

Muchos de ellos, sin embargo, no terminarán su mandato porque quieren aparecer en la boleta electoral del 2027 y seguramente pedirán licencia para ir a competir aun y cuando la ley no los obliga.

Los que no quieren ser alcaldes quieren ser diputados federales, o por lo menos repetir otros tres años como diputados locales.

El problema, como lo hemos advertido, es que hay más aspirantes que candidaturas.

Ya le iremos contando quienes tienen realmente posibilidades de ser protagonistas en la siguiente elección.

ASÍ ANDAN LAS COSAS.

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