Golpe a golpe

Por Juan Sánchez Mendoza

Victoria, por ser el municipio que alberga la capital de Tamaulipas, es quizá la localidad estatal que más apetecen gobernar los partidos políticos. Aún y cuando ejercer el cargo edilicio es complicado, pues aquí (precisamente) el mando efectivo lo ejecuta el jefe del Ejecutivo estatal en funciones.

Gobernar Victoria nunca ha sido tarea sencilla. Y no porque la alcaldía enfrenta problemas de servicios públicos, vialidad, seguridad, infraestructura, desarrollo urbano y demandas sociales, que no pueden esconderse debajo de la alfombra.

Aquí todo se ve. Todo se reclama. Y todo termina teniendo una lectura política.

Esto deben entenderlo los aspirantes, como sus promotores.

Aun así, la carrera por la alcaldía a renovarse en 2027 comenzó desde hace meses de manera extraoficial, como suele suceder en política, porque el proselitismo ‘velado’ se intensificó antes de instalarse el proceso.

Lo novedoso del asunto es que mientras en la oposición los aspirantes caben prácticamente en una hoja, el rol crece cada semana en Movimiento Regeneración Nacional (morena).

Por el Partido Acción Nacional (PAN), a este día asoman Jorge Alberto García García (‘Tico’) y Juan José Salazar Hernández (‘Juanjo’); en tanto el Partido Revolucionario Institucional (PRI) contempla sólo a un prospecto de peso municipal, como es Horacio Reyna de la Garza.

Movimiento Ciudadano (MC), por su parte, cuenta con dos: Luis Torre Aliyán y Mayra Benavides Villafranca.

Cendy Yarelly Robles Méndez representa otra expresión aliancista que es el Partido del Trabajo (PT), pero tendrá que esperar a que se despeje el contexto de la eventual coalición con morena y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que, por cierto, no le ha dado luz verde a nadie.

Sin embargo, donde realmente asoma un problema o una oportunidad, dependiendo de quién observe ambas situaciones, es en morena, que está sobrada de aspirantes.

Al menos, se menciona a: Blanca Anzaldúa Nájera, Blanca Guadalupe Valles Rodríguez, Hugo Arael Reséndez Silva, Hugo Armando Fonseca Reyes, José Braña Mojica, Judith Katalyna Méndez Cepeda, Luis Eduardo García Reyes, Luis Gerardo Illoldi Reyes, Rómulo Pérez Sánchez y Silvia Casas González.

Más los que se acumulen esta semana.

La complicación, para el membrete, no es menor. Porque una cosa es tener muchos cuadros competitivos y otra muy distinta conseguir que todos acepten el resultado cuando sólo uno pueda quedarse con la candidatura.

Ahí está el verdadero desafío para morena.

El partido ha mantenido una posición favorable en las mediciones que se han levantado sobre la intención del voto en el municipio. Un ejemplo de ello, es la encuesta publicada en agosto próximo pasado, donde morena se alzó con un 35.8 por ciento, por encima del PAN, que registró 21.5%. Otros ejercicios igual han colocado al membrete guinda en primer lugar municipal y, hasta eso, con mucha diferencia porcentual.

Pero una cosa es la fuerza de una marca partidista y otra la capacidad de sus aspirantes para convertir esa ventaja en unidad. Y, admítase o no, varios personajes que levantan la mano quizá probablemente confían más en la marca que en sus propios números.

Ése puede convertirse en el principal riesgo para morena.

El entusiasmo es legítimo, cierto. Y la aspiración también. Pero, lo que resulta harto peligroso es confundir una posición dentro del partido con una candidatura asegurada. Peor todavía, asumir que la popularidad de morena resolverá automáticamente en triunfo cualquier candidatura.

Cada aspirante está haciendo su trabajo. Recorre colonias y sostiene reuniones, establece contactos, mide sus posibilidades y procura aparecer en el radar de quienes tendrán la responsabilidad de decidir, lo reconozco.

Pero no es casual.

La propia dirigencia nacional morenista ha explicado que el proceso de selección para alcaldías y diputaciones puede prolongarse hasta diciembre, precisado que sólo la Comisión Nacional de Elecciones está facultada para conducir las definiciones.

También se ha hablado de encuestas y sobre la posibilidad de llevar a seis perfiles (tres hombres y tres mujeres) a la medición correspondiente.

Aquí asoma la parte más delicada de la historia, porque las encuestas, por sí mismas, no eliminan las decisiones políticas.

Miden las percepciones. Registran conocimiento. Captan preferencias. Y pueden ofrecer elementos para comparar perfiles.

Pero no sustituyen el factor político.

Y en morena ya existe suficiente experiencia en los procesos internos recientes como para entender que una cosa es la metodología anunciada y otra el resultado final.

De ahí que en los corrillos políticos vuelva a aparecer una palabra que nadie quiere pronunciar demasiado fuerte. Pero tampoco desaparece en el vocabulario electoral: ‘la dedocracia’.

Formalmente, no. ¿Políticamente? Quién sabe.

Porque cuando existen diez, doce o más aspirantes para una sola candidatura, resulta prácticamente imposible que todos salgan satisfechos de una definición.

Muchos tendrán que quedar fuera.

Y quien quede fuera tendrá que decidir si se suma, si guarda silencio, si negocia, si espera otra oportunidad o si termina convirtiéndose en un problema para el propio partido.

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