El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Cuando Egidio Torre Cantú gobernaba, se reunió con un grupo de periodistas solo para lamentarse del pesado lastre que le habían impuesto como candidato a la gubernatura.
—Me mandaron un “paquetito” —se quejó Egidio. El mandatario rumiaba su coraje contra el candidato del PRI, Baltazar Hinojosa Ochoa, quien en un evento clave en Tampico —y frente al propio padre del gobernador, Egidio Torre López— osó marcar una ruptura discursiva con el sexenio agonizante, anunciando una purga de ganar la elección.
Egidio lo tomó como una afrenta personal. Ofendido en su orgullo, decidió pactar la entrega del estado con el entonces candidato opositor, Francisco Javier García Cabeza de Vaca. Los emisarios de ambos bandos amarraron el acuerdo en lo oscurito, Torre abandonó a Baltazar a su suerte y el berrinche histórico cobró su factura: la primera gran derrota del PRI en la gubernatura de Tamaulipas.
La historia de los caprichos del poder no es nueva. Más atrás, el exgobernador Manuel Cavazos Lerma envió a su hijo predilecto, el entonces diputado local Homar Zamorano Ayala, a pelear la alcaldía de Matamoros, una plaza controlada por Tomás Yarrington Ruvalcaba.
Yarrington leyó la jugada de inmediato: si Homar conquistaba el municipio, sus propias aspiraciones a la gubernatura se esfumaban. Aunque Zamorano se topaba con un rival de peso en el empresario Ramón Antonio Sampayo, tampoco tenía la estructura ni el dinero para dar batalla.
Aun así, Yarrington no se confió y ordenó operar el sabotaje interno. Dejó la puñalada en manos del recordado Chuy Vega, quien cumplió el encargo con creces: descarriló a Homar en las urnas y lo borró de la carrera sucesoria. Tomás se quitó de encima el estorbo y la traición no le costó nada; Cavazos terminó perdonándolo, lo nombró secretario de Finanzas y, a la postre, lo ungió como su sucesor.
Hoy, en Nuevo Laredo, la historia se repite como farsa. Pretenden imponer un «paquetito» como candidata de Morena a la alcaldía, una figura que ya exhibe síntomas de desesperación ante unas encuestas que de plano no levantan, a pesar del evidente cobijo de Palacio de Gobierno.
Aunque su nombre suena cada vez que se habla de pasarelas y relevos en el gabinete, los números simplemente no cuadran; la funcionaria arrastra un déficit de popularidad frente a otros aspirantes, como el actual secretario de Obras Públicas, Carlos Germán de Anda Hernández, quien la supera por varios cuerpos.
Ni qué decir del diputado Carlos Enrique Canturosas Villarreal, quien lidera con comodidad cualquier sondeo serio en la ciudad fronteriza, a pesar de los burdos intentos por frenarlo mediante reformas al vapor contra el nepotismo en el Congreso local.
Es ante este panorama de fracaso anticipado que el «paquetito» enviado a Nuevo Laredo, encarnado en la secretaria de Economía, Ninfa Cantú Deándar, comienza a lanzar sus primeros berrinches públicos. Apenas ayer, la funcionaria ordenó vetar el ingreso del empresario Pedro Lozano Martínez a una reunión del Comité Promotor de Inversiones, ignorando que este acudía por invitación formal de Carlos Alfonso Candelaria López, titular de la Unidad de Prospectiva y Evaluación de la Secretaría de Economía Federal.
La grosería provocó el enfado del alto funcionario federal y desnudó la mezquindad de la secretaria, temerosa de que Lozano Martínez la supere también en los índices de aceptación. Una actitud ventajista, más propia de una niña mimada que de una servidora pública.
Ese es el regalo envenenado que pretenden endosarle a la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal, quien por disciplina institucional acatará la línea que dicten desde Ciudad Victoria. Sin embargo, que a nadie se le ocurra culparla del desastre electoral que se avecina; la contienda en la frontera será una aduana sumamente compleja frente a la panista Yahleel Abdalá Carmona.
El escenario ya es de por sí crítico, y la madurez no parece ser la carta de presentación de Ninfa Cantú Deándar, más ocupada en canibalizar a sus propios correligionarios que en tejer la unidad necesaria.
Quizá su furia responda a que en las altas esferas ya le leyeron la cartilla, advirtiéndole que el plan principal se cancela y que, con suerte, su capital político apenas le alcanzará para negociar una diputación de consolación o una modesta regiduría.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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