El Patinadero

Juan Antonio Montoya Báez

Dicen los que saben que en la política de Tamaulipas no hay peor ciego que el que no quiere ver el negocio; y si de negocios redondos se trata, el sexenio de Francisco Javier García Cabeza de Vaca no dejó títere con cabeza ni presupuesto sin ordeñar. Ningún boquete presupuestal duele ni apesta tanto como el que abrieron impunemente en la Secretaría de Salud. Para muestra, basta mirar el contraste con el que arrancó aquella administración.

La primera titular de la dependencia fue Lydia Madero García, una panista de cepa pura, de esas de la vieja guardia que sabían ocupar con decoro cargos partidistas y de representación popular sin salir salpicadas de lodo. Madero llegó a las oficinas con la fusta en la mano y la ambición bajo control; nunca nadó en las aguas turbias de la corrupción ni sufrió jamás el fantasma de la avaricia desmedida.

Pero justamente por eso no duró. En un gabinete donde la consigna implícita era hacer dinero rápido y al costo que fuera, una mujer de principios estorbaba para el banquete que ya tenían preparado en la mesa principal, por ello, la hicieron a un lado sin miramientos para meter a operadores de su absoluta confianza.

Fue así como llegó Gloria de Jesús Molina Gamboa, con cuyo arribo se desataron por completo los demonios de la voracidad, a partir de ese momento, la Secretaría de Salud dejó de ser una institución al servicio de los tamaulipecos para convertirse en el cajero automático preferido del régimen.

La realidad que hoy sigue saliendo a la luz nos revela corrupción al más alto nivel en un sexenio donde, de forma descarada y con tufo familiar, se controlaban los contratos de los proveedores del estado. No hubo área que se les escapara de las manos: extendieron sus garras a dependencias clave como Obras Públicas, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (SEDUMA) y Bienestar Social, convirtiendo la estructura gubernamental en un burdo entramado de complicidades y cobro de cuotas.

Con una nula calidad moral, García Cabeza de Vaca despacha hoy desde su cómodo autoexilio en los Estados Unidos, armando su propia telenovela de dama inocente y víctima de persecución política.

Esa es la última faceta que podría presumir quien operó como un auténtico rey Midas de los negocios turbios, atracando al erario sin el menor recato. El cinismo llegó a tal grado que en el sector salud ni siquiera respetaron el patrimonio ni la dignidad de sus propios trabajadores.

Sin reparo alguno, hicieron un multimillonario negocio con una empresa de seguros que resultó ser más falsa que las promesas de «Pancho», una jugada criminal que quedó al descubierto de la forma más dolorosa durante lo peor de la pandemia de COVID-19.

Al fallecer decenas de médicos y enfermeras en la primera línea de batalla contra el virus, sus deudos descubrieron con horror que no podían acceder al cobro de los seguros de vida correspondientes.

La póliza contratada por el estado era un mero cascarón de papel mojado, mientras el personal médico daba la vida en los hospitales públicos ante la escasez de insumos, en las altas esferas del gobierno se repartían las ganancias de los contratos simulados, dejando en el desamparo total a las familias de quienes lo dieron todo por Tamaulipas.

La cloaca se destapó de forma definitiva tras la inhabilitación emitida por la Contraloría Gubernamental en contra de Gloria Molina Gamboa, derivada de las auditorías que detectaron millonarios desvíos de recursos federales y estatales que la propia Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha documentado rigurosamente en sus informes de cuenta pública.

Pero la historia no termina con el cambio de partido, el verdadero drama de Tamaulipas es que varios de esos mismos proveedores de la era azul, lejos de ser desterrados y llamados a cuentas por la justicia, demostraron tener un excelente trapecismo transexenal y lograron dar el brinco al nuevo régimen sin despeinarse. Lamentablemente, ahora en los tiempos de la llamada Cuarta Transformación, las tranzas al más alto nivel se repiten con los mismos actores de fondo.

Lo más grave es que, a pesar de que la evidencia del saqueo está servida en bandeja de plata y los desvíos son más que evidentes, el brazo de la ley no se avizora por ninguna parte ni parece estar en los planes reales de nadie.

Esto deja un profundo sentimiento de decepción entre los ciudadanos, quienes merecen con urgencia que el presupuesto público sea utilizado para el beneficio real de la población y no para alimentar el enriquecimiento ilícito de estos grupos de millonarios de ocasión.

Personajes que, como buitres en pleno festín, sexenio tras sexenio dan saltos cuánticos en sus fortunas personales a costa del pueblo. Doña Gloria Molina, acorralada y defendiéndose mediante videos en redes sociales, solo vino a confirmar lo que todo el mundo ya sabía; pero su tardía estrategia legal difícilmente logrará espantar a los zopilotes que ahora rondan los cadáveres políticos en este innegable estado de putrefacción.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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