EN PERSPECTIVA
Por: Omar Orlando Guajardo López
— Los contratos de Salud devuelven a Cabeza de Vaca las preguntas que dirigía contra Morena.
— Molina señala responsabilidades mientras JR conserva los elogios para Carmona.
— Ariadna Montiel debe revisar los antecedentes de JR antes de comprometer a Morena con su aspiración.
En mayo de 2022, Francisco García Cabeza de Vaca pidió que se revisaran los teléfonos de Sergio Carmona. Quería conocer sus contactos, sus conversaciones y sus relaciones políticas. En plena disputa por la gubernatura, señalaba hacia Morena con la seguridad de quien creía tener bien identificado el destino de aquella investigación. Cuatro años después, su exsecretaria de Salud, Gloria Molina, indica una dirección que faltaba en el recorrido: la oficina del propio gobernador.
Molina asegura que Cabeza de Vaca ordenaba contratar a empresas vinculadas con Carmona mediante instrucciones transmitidas por la Subsecretaría de Administración y Finanzas. Habla de compromisos económicos y políticos que determinaban la proveeduría. No es poca cosa: quien encabezó la dependencia y hoy enfrenta denuncias por aquellas contrataciones está señalando cómo se tomaban las decisiones y de dónde provenían las órdenes.
Su declaración también la compromete. Tendrá que acreditar lo que dice y responder por su actuación. Pero al pedir que se investigue toda la cadena de mando, coloca al exgobernador frente a la misma exigencia que él dirigía a sus adversarios: explicar sus relaciones con Carmona. La diferencia es que ahora las preguntas vienen acompañadas del testimonio de alguien que estuvo dentro de su administración.
Ese camino pasaba por los hospitales. La denuncia presentada en 2025 señaló un presunto quebranto cercano a 344 millones de pesos relacionado con mantenimiento hospitalario, con irregularidades en la documentación de los pagos. Eran recursos de Salud. Dinero que debía traducirse en trabajos comprobables, instalaciones en funcionamiento y condiciones para atender a la población. Según Molina, las contrataciones respondían a compromisos del gobernador. Habrá que esclarecer quién cumplía con los hospitales mientras se atendían aquellos compromisos.
Aquí la historia rebasa el contrabando de combustible. Si se acredita que también hicieron negocio irregular con ese presupuesto, hasta la palabra huachicoleros resulta insuficiente: huachiculeros. Porque una partida de mantenimiento hospitalario tiene consecuencias fuera de los libros contables. De ella dependen instalaciones que deben servir y personas que necesitan atención. El destino del dinero da la medida del agravio.
Tampoco apareció esta relación después de que el PAN perdió la gubernatura. Cuando Cabeza de Vaca todavía gobernaba ya se habían publicado contratos millonarios con empresas de los hermanos Carmona y existían cuestionamientos públicos a la gestión de Molina. Mientras el gobernador invitaba a seguir las relaciones del empresario hacia Morena, había otro trayecto que podía recorrerse con documentos de su propio gobierno.
Por eso resulta tan reveladora la declaración de su exsecretaria: devuelve la discusión al lugar desde donde salían las acusaciones. Cabeza de Vaca quería que Carmona explicara las relaciones de sus adversarios; ahora tendrá que explicar las decisiones de su administración respecto de Carmona.
Y por ese cruce llegamos nuevamente a José Ramón Gómez Leal. En la columna anterior cuestioné sus palabras favorables hacia el empresario y la insuficiencia de sus respuestas. Lo dicho por Molina refuerza aquella objeción. Mientras ella describe contrataciones sujetas a investigación y señala responsabilidades, JR conserva el recuerdo amable. El problema es que su valoración personal no alcanza para responder las preguntas que la historia pública de Carmona viene acumulando.
Encuentro mayor consistencia en la versión de Molina porque identifica instrucciones, intermediarios y decisiones que pueden contrastarse con documentos. JR ofrece una impresión sobre la persona. La exsecretaria habla del funcionamiento del gobierno. Son explicaciones de distinto alcance, y quien aspira a gobernar debería entender por qué la suya se queda tan corta.
Le corresponde responder por su propio criterio: cómo interpreta esos antecedentes, qué exige esclarecer y por qué sus buenas palabras para Carmona parecen tener más espacio que su examen crítico de aquella relación. La independencia política también se demuestra cuando las preguntas resultan incómodas para los conocidos.
Ariadna Montiel debería prestar atención. Desde 2022 quedaron registradas peticiones públicas para investigar relaciones de Carmona con integrantes del partido, incluido Gómez Leal. A la actual dirigente de Morena le corresponde exigir claridad sobre qué se revisó y qué quedó pendiente antes de que el partido respalde sus aspiraciones. Aquellas advertencias preceden a su dirigencia; la manera de atenderlas ahora sí compromete su conducción.
Mi objeción a JR sigue en pie. Morena no puede celebrar que se investiguen los caminos del cabecismo y dejar de mirar cuando alguno cruza por sus propios aspirantes. Montiel tiene ahí una prueba concreta de consistencia: aplicar hacia dentro la exigencia de rendición de cuentas que el partido reclama hacia fuera. La selección de candidaturas también revela qué está dispuesto a tolerar un movimiento.
Cabeza de Vaca pidió abrir los teléfonos de Carmona creyendo que las respuestas comprometerían a otros. Molina acaba de recordarle que también había contratos que revisar. Todavía pueden aparecer nuevas declaraciones, documentos y relaciones que obliguen a ampliar el recorrido. Ariadna Montiel haría bien en mirar el mapa completo antes de que Morena decida sus candidaturas: en Tamaulipas los caminos hacia Carmona se seguirán conociendo, incluso aquellos que sus antiguos compañeros de viaje preferirían dejar sin nombre.