Palabras libres
Por Edgar Joel Yépez Ibarra
Escribo lo siguiente con la conciencia plena que de no educarnos en valores desde el hogar iremos irremediablemente a la fatalidad social. Es desde el hogar y posteriormente en la escuela, donde se siembra en el alma para el crecimiento humano.
Los castillos luminosos de nuestra sociedad no podrán levantarse si no sanamos primero nuestras dolencias. Los recientes resultados de la prueba PISA no hacen más que exponer nuestra dolorosa fragilidad.
Nuestros cimientos se han ido desvaneciendo entre la pérdida de valores en casa. Al ausentarse del hogar la responsabilidad, la disciplina, la decencia, el respeto y todas las cosas buenas que fortalecen el alma, el vacío se llenó de contenidos inapropiados. Y la entrega sin medida de pantallas a niñas, niños y adolescentes ha venido afectando su desarrollo neurológico y emocional, con graves alteraciones en la atención, irritabilidad y agresión.
Mientras tanto, nuestras maestras y maestros cargan con una soledad inmensa. Han tenido que convertirse en psicólogos para atender conductas cada vez más complejas, y hasta nutriólogos para erradicar la obesidad, reduciendo el tiempo para enseñar, y además enfrentando constantes situaciones de indisciplina escolar. Los padres han dejado de hacer equipo con los maestros; por eso, ningún esfuerzo escolar bastará si en el hogar no se siembra orden, responsabilidad y disciplina.
No busquemos culpables; asumamos nuestra parte con honestidad. Aunque se refuercen las matemáticas, la lectura, y se restrinjan los celulares, la verdadera pedagogía nace en la familia. Es decir para avanzar en educación debemos entender, con honestidad y esperanza, que la educación se forja cimentando la disciplina, el amor y la responsabilidad en casa.