El Patinadero

Juan Antonio Montoya Báez

De acuerdo con el informe global de la Agencia Mundial Antidopaje, los países más tramposos en el uso de sustancias prohibidas en el deporte profesional son la India y Rusia, naciones que lideran constantemente los reportes anuales con el mayor volumen de infracciones y atletas sancionados. Sin embargo, Italia ocupa el segundo lugar en volumen total de casos positivos en periodos recientes, mientras que Francia se mantiene casi siempre en el selecto top 5 de los países con más infracciones por dopaje.

En cuanto al vergonzoso lugar que ocupa México de acuerdo con las mediciones globales, no existe avance alguno en la percepción ciudadana ni internacional. Nuestro país se arrastra en el puesto 141 de 182 países evaluados en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

La paupérrima calificación mexicana fue de apenas 27 de 100 puntos posibles (donde 0 es altamente corrupto y 100 muy limpio). Para dimensionar nuestra tragedia ética basta mirar a los países más honestos del planeta: Dinamarca lidera con 89 puntos, seguido por Finlandia con 88, Singapur con 84, Nueva Zelanda con 81 y Noruega con 80 unidades.

El progreso en los tiempos de la autoproclamada «Cuarta Transformación» es de risa: subió un miserable punto respecto a la medición anterior, donde el país estaba estancado en los 26 puntos. No por nada, para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México se mantiene firme como el país con el peor desempeño y el menos transparente entre todos los miembros de este organismo.

Todo esto ocurre justo en los tiempos en que Morena prepara con fervor la selección de sus candidatos para las elecciones de 2027, presumiendo supuestos candados diseñados para frenar la pésima reputación que los precede. Sin embargo, el ser humano es propenso a la trampa para ganar; y cuando se trata de la clase política, la fama de tramposos y corruptos queda a cabalidad.

Hace algunos días, la presidenta Claudia Sheinbaum compartió en sus redes el perfil de los candidatos ideales para su partido. En el papel, se exigen requisitos sublimes: honestidad, probidad y un firme compromiso con los principios del movimiento.

La mandataria advirtió que ya no basta con ganar encuestas para asegurar una candidatura, sino que los aspirantes deberán sortear estrictos filtros de reputación y antecedentes públicos. Aseguró que no se permitirá la postulación de personas con nexos dudosos o cuestionables, prometiendo una revisión exhaustiva con las instancias de seguridad y las fiscalías para descartar antecedentes penales o malos manejos.

En el discurso, la retórica suena magnífica, excelente, y deja muchas buenas razones para que los incautos piensen que nadie estará por encima de la palabra presidencial.

Sin embargo, parece que en el partido oficial todo el mundo tiene vocación de tramposo, y las altas esferas no son la excepción. La simulación y la trampa quedan expuestas al colocar en puestos clave a hombres que se encuentran en el ojo del huracán y que responden directamente a los intereses más puros del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

La endeble confianza ciudadana se viene abajo por completo cuando se registra el nombramiento del senador Adán Augusto López Hernández como Coordinador de la Cuarta Circunscripción Electoral. Es desde esa posición de absoluto privilegio donde opera la estructura territorial y lidera, paradójicamente, la revisión de perfiles de los aspirantes rumbo a los comicios.

Hablamos de un personaje al que la vox pópuli y las crónicas periodísticas ligan insistentemente con el jugoso negocio del huachicol fiscal, sin olvidar las persistentes menciones de su cercanía con el polémico grupo delincuencial de «La Barredora».

Las buenas intenciones de la 4T se marchitan como las hojas de los árboles en pleno otoño cuando se permiten acciones de este calibre. Lo verdaderamente sorprendente sería que cumplieran sus promesas morales; en realidad, siempre están pensando en cómo burlar las reglas y sacar provecho personal, tal como lo hizo Diego Armando Maradona con su célebre «mano de Dios».

La trampa parece ser una condición natural que habita en el alma de los políticos, siempre obsesionados con el dopaje para ganar un Tour de Francia o asegurar una candidatura a billetazos y complicidades. Desgraciadamente, los buenos planes casi nunca cruzan a la acera de enfrente.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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