Golpe a golpe
Por Juan Sánchez Mendoza
El próximo día 10 arrancará formalmente el proceso electoral federal 2026-2027, para la renovación de las 500 diputaciones federales. Pero no será solamente una elección federal. En las 32 entidades habrá procesos concurrentes y, en Tamaulipas, el Instituto Electoral estatal (IETAM) tendrá que hacer lo propio con la organización de los comicios locales.
La maquinaria electoral, pues, empieza a calentarse.
Y aunque todavía faltan meses para que los ciudadanos acudan a las urnas, en los partidos políticos hace tiempo que comenzó la búsqueda de candidatos, alianzas, posiciones y, sobre todo, de votos.
Porque una cosa es que legalmente el proceso comience el 10 de septiembre y otra, muy diferente, que los partidos hayan esperado hasta esa fecha para empezar a trabajar.
No lo hicieron.
Hace meses algunos comenzaron a medir fuerzas. Otros, apenas están buscando quién pueda darles la cara. Y unos más siguen confiando en que la marca haga el trabajo que ellos no han querido hacer.
Los números
El INE tendrá a su cargo la elección de 500 diputaciones federales: 300 por el principio de mayoría relativa y 200 por representación proporcional.
En Tamaulipas serán ocho distritos federales.
Pero también estarán en juego los espacios locales y los ayuntamientos, de manera que la competencia será mucho más amplia que la que pudiera sugerir, a primera vista, una elección intermedia.
El IETAM, por su parte, ya trabaja en la preparación de los órganos que habrán de conducir el proceso en territorio tamaulipeco.
Son 22 consejos distritales y 43 consejos municipales.
Incluso ya se abrió el procedimiento para seleccionar a quienes integrarán esos órganos electorales.
Y aquí aparece uno de los primeros asuntos que deberían preocupar a los partidos: la confianza. Porque en una elección no basta con que las autoridades electorales sean legales.
También tienen que parecerlo. Y cualquier sospecha de parcialidad, real o imaginaria, termina convirtiéndose en combustible para la desconfianza.
El problema de los partidos de oposición es que el calendario electoral avanza con mayor rapidez que sus estructuras.
Morena, mientras tanto, llega con la ventaja que significa gobernar y contar con una marca electoral consolidada.
Eso no significa que tenga asegurada la elección. Pero sería ingenuo desconocer que parte de la competencia comienza con esa ventaja.
Los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), Movimiento Ciudadano (MC) y los demás participantes tendrán que decidir si quieren competir realmente o limitarse a conservar registros, prerrogativas y posiciones.
Porque para ganar una elección no alcanza con tener candidatos. Se necesitan candidatos con votos. Y esa diferencia será determinante.
Hay municipios donde los partidos todavía tienen liderazgos capaces de movilizar ciudadanos. Pero también existen otros donde la estructura partidista prácticamente desapareció y sólo sobrevive la nostalgia de lo que alguna vez fue.
Ahí está el verdadero problema. Y No hay que confundir simpatizantes con operadores. Ni operadores con votos. Mucho menos votos con votos propios.
Los nombres
En Tamaulipas comenzarán a circular nombres a partir de la semana entrante. Es inevitable. Algunos serán reales. Y otros serán globos de ensayo.
También habrá quienes se autopostulen con la esperanza de que repetir muchas veces su nombre termine convirtiéndolos en candidatos.
La política tiene también esas curiosidades. El problema será determinar quién puede ganar una elección y quién solamente puede ganar una encuesta interna. No es lo mismo.
Tampoco será sencillo convencer a los ciudadanos de que determinadas figuras representan una alternativa cuando llevan años brincando de una posición a otra.
La memoria electoral existe.
Y aunque algunos políticos parecen empeñados en creer que el ciudadano olvida todo después de tres años, las urnas suelen demostrar lo contrario.
Las alianzas, por su parte, son otro asunto en el que descansará gran parte de la elección, pues los partidos tendrán que decidir si concurren solos, si construyen alianzas parciales o si intentan reproducir aquellas coaliciones que, en otros tiempos, parecían imposibles.
El problema es que sumar logotipos no necesariamente significa sumar votos. Dos partidos con estructuras débiles no producen automáticamente una estructura fuerte. Y tres candidatos que no generan entusiasmo difícilmente conseguirán que una alianza produzca entusiasmo.
La aritmética electoral no siempre funciona como la aritmética de escritorio, pues hay regiones donde una marca tiene presencia. En otras, un candidato arrastra. Y existen municipios donde ocurre exactamente lo contrario: el candidato puede ser conocido, pero el partido carece de estructura suficiente para llevarlo a la boleta y, después, a la urna.
Por eso las decisiones que se tomen durante los próximos meses serán fundamentales.
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