COLUMNA
Crónicas del Descaro:
Por José Gregorio Aguilar
El profesor Miguel Ángel Tovar Tapia puso el dedo en la llaga: la falta de convocatoria para renovar dirigencias en el SNTE no es un detalle administrativo, es un síntoma de la desesperación de Arnulfo Rodríguez Treviño y del intento de Alfonso Cepeda Salas por extender periodos con un “golpe unilateral en la mesa”.
Lo grave no es solo la maniobra de los líderes, sino la pasividad de la base magisterial, que observa en silencio cómo se detiene el reloj sindical. Tres años atrás, Arnulfo organizó paros y berrinches porque no había nombramientos para su gente; hoy presume que el sindicato ya tiene presencia en toda la estructura educativa. La incongruencia es evidente, pero la reacción de los maestros es mínima.
En este escenario, surgen voces que buscan reflectores más que soluciones. El aspirante a la Sección 30, Enrique Meléndez Pérez, subió a redes una nota para anunciar que firmó una solicitud al CEN pidiendo la publicación de la convocatoria. Antes había advertido que podrían venir manifestaciones, pero todo quedó en declaraciones. Puro bla bla y más bla.
La democracia sindical no se defiende con comunicados tibios ni con selfies en redes sociales. Se defiende con acciones, con presión jurídica y con movilización real. El Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, encabezado por Cristóbal Arias Solís, tiene facultades para intervenir, pues la falta de convocatoria constituye un conflicto sindical según el artículo 124 de la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado.
El único precedente válido para posponer elecciones fue la pandemia de COVID-19. Hoy no hay justificación alguna. Lo que sí hay es un intento de blindar dirigencias vencidas y de prolongar periodos a costa de la democracia interna.
Aquí aparece el verdadero trasfondo: el retraso en la elección sindical abre la puerta a que los maestros sean “vendidos” como capital político en las elecciones constitucionales de 2027. En Tamaulipas habrá comicios para alcaldes, diputados locales y federales, y la base magisterial representa un botín electoral que los líderes buscan negociar. La convocatoria sindical se convierte así en moneda de cambio, en un recurso para condicionar apoyos y votos.
Y la pregunta que no podemos evadir: ¿qué hace falta para que los maestros de Tamaulipas reaccionen? En páginas de Facebook abundan los comentarios de rechazo a la actual dirigencia, algunos anónimos y otros con nombre y apellido, incluso con adjetivos ofensivos. Pero cuando esa misma dirigencia les está pisoteando sus derechos, no pasan de desahogarse en redes. Los aspirantes a la dirigencia sindical tampoco van más allá: aparentan empatía y solidaridad, pero no accionan.
La pregunta incómoda que lanzó Tovar Tapia sigue vigente: ¿de dónde salen los recursos para estas campañas? ¿De las cuotas sindicales o del llamado “huachicol fiscal”? La opacidad alimenta la sospecha y erosiona la confianza de los maestros