CRÓNICAS DEL DESCARO:

Por José Gregorio Aguilar

Agosto 28 del 2026

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció con toda seriedad que enviará una iniciativa para prohibir que quienes aspiren a la Presidencia o a una gubernatura tengan doble nacionalidad. El argumento: un mandatario debe representar sólo a México, no a otro país.

Hasta ahí, suena lógico. Pero el detalle es que la propuesta se leyó como una indirecta hacia Francisco García Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, prófugo de la justicia mexicana y residente en Texas.

Cabeza de Vaca, con esa mezcla de audacia y descaro que lo caracteriza, declaró que la Constitución sí le permite competir en 2030. Como si desde el exilio pudiera registrarse en el INE y hacer campaña vía Zoom.

Y entonces uno se pregunta: ¿de verdad es necesario que la presidenta se preocupe por blindar la Constitución contra un personaje que ni siquiera puede pisar suelo mexicano sin que lo esposen?

Morena insiste en que es un delincuente, que todos lo rechazan, que en Tamaulipas no tiene futuro político. Si eso es cierto, ¿por qué dedicarle una reforma constitucional? ¿No será como ponerle candado a una casa que ya está vacía?

El tema, claro, no sólo toca a Cabeza de Vaca. Hay otros políticos con doble nacionalidad que podrían verse afectados. Pero la narrativa pública se centró en él, como si fuera el gran fantasma que acecha la sucesión presidencial.

Fantasma, sí. Porque en la práctica, Cabeza de Vaca es más un expediente judicial que un proyecto político. Y sin embargo, se le da el honor de inspirar una iniciativa presidencial.

Mientras tanto, los problemas reales siguen ahí: inseguridad, economía, educación, salud. Pero la agenda se distrae con un debate sobre pasaportes y nacionalidades, como si eso resolviera la violencia en Tamaulipas o la falta de medicinas en hospitales.

La ironía es deliciosa: un prófugo logra que la presidenta hable de él en Palacio Nacional, que los medios lo pongan en portada y que la Constitución se ajuste para cerrarle la puerta. Todo sin moverse de Texas.

Cabeza de Vaca no necesita ser candidato para ganar protagonismo. Basta con que diga “quiero competir” y Morena se pone nervioso. Es el poder del descaro: ni presente, ni legal, ni viable… pero suficiente para provocar reformas.

Y así, en lugar de discutir cómo mejorar la vida de millones de mexicanos, se discute cómo impedir que un prófugo se convierta en presidente. Distractor perfecto: todos hablan del candado, nadie habla de la cerradura rota que es el país.

O sea, presidenta: ¿de verdad había que ocuparse de este tema ahora? Porque si el objetivo era exhibir a Cabeza de Vaca, lo logró. Pero si era resolver los problemas de México, entonces seguimos esperando.