CONFIDENCIAL
Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
“Por favor vaya y cómprese un cubrebocas. Otra vez hay mucho Covid y es muy peligroso estar aquí sin protección”, advierte una enfermera de la clínica del ISSSTE en Ciudad Victoria.
“Ya son muchos casos y esto se está volviendo otra vez preocupante, aunque nadie dice nada”, añade la profesionista, con ese tono que mezcla preocupación y advertencia.
Lo inquietante es que la recomendación se repite también en el Hospital General. Médicos y enfermeras sugieren protegerse nuevamente. Adentro de los hospitales parecen saber algo que afuera nadie explica.
Pues sí, mientras el personal sanitario comienza a encender focos preventivos, las autoridades guardan un silencio tan extraño como preocupante. No hay explicación, advertencia ni información pública suficiente.
Y eso es precisamente lo sospechoso. Porque si realmente no está ocurriendo nada extraordinario, resultaría muy sencillo decirlo, mostrar las cifras y acabar de golpe con cualquier especulación.
Pero no dicen nada. Y cuando una autoridad sanitaria calla mientras desde los hospitales llegan señales de alerta, inevitablemente surgen preguntas: ¿cuántos contagios hay?, ¿están aumentando?, ¿hay hospitalizados?
Desde luego, nadie pretende provocar alarma ni sembrar miedo entre la población. Bastante sufrimos durante la pandemia. Lo único exigible es información clara, oportuna y, sobre todo, verdadera.
Porque algo debimos aprender de aquella tragedia: frente a una enfermedad contagiosa, esconder la cabeza nunca funciona. El silencio no detiene virus, no evita hospitalizaciones y mucho menos salva vidas.
Hoy tenemos vacunas, medicamentos, conocimiento y experiencia. Precisamente por eso resulta todavía menos entendible que se repita aquella vieja costumbre gubernamental de informar solamente cuando el problema ya está encima.
Si no existe un repunte de Covid, que la Secretaría de Salud salga y lo diga. Pero si existe, aunque sea incipiente, tiene la obligación elemental de advertirlo y prevenir.
Lo que no se vale es que una enfermera tenga que decirle al ciudadano lo que debería estar explicando públicamente la autoridad. Mucho menos tratándose de un virus que ya sabemos hasta dónde puede llegar.
Porque en salud pública el silencio también tiene consecuencias. Y después de todo lo vivido, sería imperdonable volver a enterarnos tarde de aquello que las autoridades pudieron advertir a tiempo.
EL RESTO.
EL PAN, SIEMPRE SÍ.- Ahora que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN abrió la puerta para que haya alianzas con otros partidos en las entidades federativas, la pregunta obligada es: ¿Veremos nuevamente en Tamaulipas al PAN y PRI compitiendo juntos?
La respuesta luce complicada, sobre todo porque en las ocasiones en que hicieron alianza no les fue nada bien ni al PAN ni al PRI, pero lo más probable es que esa sociedad partidista se de solamente en algunos municipios o distritos.
Como quiera que sea, el dato relevante es que el PAN, en voz de su dirigente nacional, Jorge Romero, ya había dicho que irían solos y ahora parece estarse retractando.
ESCÁNDALO EN PUERTA.-El nombre de Ricardo Casanova Márquez podría ser el detonante de un escándalo mayusculo de corrupción en Tamaulipas.
Se trata de un personaje que, desde hace por lo menos dos años ha sido ligado a empresas de proveeduría que operan bajo condiciones bastante sospechosas.
El punto es que atrás de todo ese entramado financiero han comenzado a surgir nombres de políticos tamaulipecos encumbrados en las jerarquías del poder público, lo que podría detonar una “bomba” nada conveniente para Morena, sobre todo en la víspera del inicio del proceso electoral 2026-2027.
Veremos y diremos.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.