El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez

Los honores a la bandera en la capital del estado se convierten en la pasarela perfecta para que los ciudadanos de a pie increpen cara a cara a sus villanos favoritos de la 4T.

Ayer, la ceremonia cívica estuvo a cargo del secretario de Desarrollo Energético, Walter Julián Ángel Jiménez, a quien los lenguajes de pasillo ya conocen como el bailarín consentido de la administración estatal.

Es cierto que el desarrollo energético en Tamaulipas avanza con números alegres en el discurso oficial, prometiendo un futuro brillante para las y los tamaulipecos; sin embargo, en los hechos hay una dolorosa tarea pendiente: la tan ansiada reducción de las tarifas eléctricas en municipios como Ciudad Victoria, donde los ciudadanos son materialmente asaltados cada dos meses por los recibos de la Comisión Federal de Electricidad, sin que el estado meta las manos para defender el bolsillo de la población.

El gobernador Américo Villarreal Anaya suele entregar reconocimientos al talento y la innovación en ciencia, tecnología, robótica y energía. Este impulso no es nuevo; el desarrollo energético se promueve en Tamaulipas desde hace varios sexenios, con la sutil diferencia de que en el pasado cada mandatario buscaba su respectiva mordida al pastel. Desde el parque eólico Tres Mesas, que inició en la administración de Egidio Torre Cantú, hasta llegar a la voraz ambición del hoy prófugo panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca.

Hoy nos dicen que Tamaulipas es líder nacional en energías limpias y renovables, destacando la fuerza eólica con una capacidad instalada de 2,347 MW, lo que equivale al 27.38 por ciento de la generación total en el estado. Se presume la operación de unos 13 parques eólicos que suman cerca de 1,700 MW de capacidad y ya se cacarea un megaproyecto en Mier con una inversión superior a los 250 millones de dólares.

El panorama en el papel es muy bonito, siempre y cuando los funcionarios actuales no se tienten el corazón ni las manos para asaltar a los empresarios, emulando a los saqueadores del pasado que no se conformaban con «robar poquito».

Sin embargo, el patriotismo de los lunes también sirve de escenario para el reclamo social ante la indolencia gubernamental. Ayer, la señora Elda Marisol Uriegas Uriegas aprovechó la ceremonia para exigir la justicia laboral que el estado le niega. Ella ganó sus demandas, obtuvo laudos firmes a su favor y llegó al extremo de tener que embargar bienes de la empresa demandada, consistentes en un lote de féretros que, en lugar de ser un alivio económico, resultaron ser una maldición sepulcral para su bolsillo.

Marisol demandó a Funerales del Refugio, empresa donde trabajó por más de 16 años y de donde fue despedida de forma injustificada en el 2019, iniciando una batalla legal que hasta el día de hoy persiste. Las cajas de muerto embargadas no han sido una solución; al contrario, hunden su economía porque tiene que pagar una bodega para resguardarlas, mientras el tiempo y la humedad amenazan con destruirlas. Es un producto inútil para quien no es dueño de una funeraria.

Ganó el juicio, pero no puede cobrar. Ayer, en plenos honores a la bandera, plantó cara al secretario del Trabajo, Luis Gerardo Illoldi Reyes, armada con una cartulina que sentenciaba: “7 años esperando justicia laboral”. El funcionario estatal opera exactamente como un abanico con las aspas al revés: en lugar de enfriar las tensiones, avienta todo lo caliente hacia el motor, amenazando con desvielar la dependencia a su cargo. Siete años han pasado y para la afectada no hay justicia pronta ni expedita; mientras tanto, Illoldi se lava las manos con total cinismo y argumenta que el proceso se retrasa por culpa de los recursos interpuestos por la propia Marisol.

El secretario cobra puntualmente un sueldo mensual que supera los 100 mil pesos libres. Mientras él sonríe a las cámaras, la petición de justicia de Marisol recorrió la entidad y golpeó la línea de flotación de un funcionario de la 4T que absurdamente todavía sueña con ser alcalde de Ciudad Victoria.

La difusión del caso fue tal que llegó hasta las páginas críticas que los mismos voceros del sistema monitorean con nerviosismo.

La cruda realidad es que Illoldi ha resultado muy guapo, pero para los negocios bajo la mesa, el cochupo y la opacidad. No en balde la denuncia por presunto enriquecimiento ilícito y delincuencia organizada en su contra duerme el sueño de los justos en los archivos de la Fiscalía Anticorrupción. Aquí, por supuesto, no aplica el ejemplo nacional del gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya, a quien la crisis exige separar del cargo mientras se le investiga por pecados graves. En Tamaulipas, la jauría prefiere blindar a los suyos.

Desde las oficinas de la Bicentenario dirán que todo esto es politiquería y chismes de campaña, pero las carpetas de investigación y las pruebas de la inoperancia existen. Mientras tanto, los trabajadores tamaulipecos deben seguir soportando la podredumbre y el tortuguismo en los tribunales laborales, donde la honestidad y la justicia se enterraron profundamente dentro de los mismos féretros que Marisol tiene guardados en su bodega.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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