Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz

No sé para qué sirve una Secretaría de las Mujeres, ni tampoco he sabido para qué
sirve el desangelado Instituto de la Mujer. Pero sí sé para qué sirve una Secretaría de
Cultura y estoy convencida de que su creación es necesaria en Tamaulipas, como lo es
para muchos artistas, promotores culturales, gestores y trabajadores del ramo.
“Poltiquería”, me dijo un amigo funcionario estatal cuando le pregunté por qué el
gobierno del estado creaba una Secretaría de las Mujeres y por qué a la cultura no se
le había otorgado ese rango.
Y es que es una cuestión sencilla: la cultura es una actividad fundamental para
la formación “humanista” de los individuos; su acción atiende, penetra, incide y
transforma a todos los sectores sociales, impacta a toda la sociedad, a todas las
edades y a todos los géneros.
La política cultural de un gobierno no es solo promocionar la banda de música, el
Conjunto Típico Tamaulipeco, hacer un festival, editar libros a cuentagotas, administrar
con austeridad los espacios culturales, promover de manera doméstica las artes,
mantener en “apenitas” las bibliotecas y los museos; navegando entre la precariedad y
la indiferencia. Pero aun así, muchos tenemos la fortuna de disfrutar algo de la
actividad artística o cultural, a diferencia de lo que sucede con el Instituto de la Mujer,
cuyas políticas nunca me han brindado ningún servicio como ciudadana.

Basta con poner en esta balanza la infraestructura: por una parte, el área de
cultura cuenta con recintos, teatros y bibliotecas en todo el estado; por otra, un amplio
espectro de atención y una demanda constante por parte del público y de los sectores
que lo componen, como artistas, promotores y gestores culturales.
Pero como siempre sucede con los genios del gobierno del estado, esos
pequeños seres que se dedican a hablarle al gobernador al oído y hacer creer
realidades que solo en sus cabezas geniales existen, que se hacen llamar asesores y
creen saber interpretar al mundo aunque nunca hayan leído ni a Cervantes, ni a Tolstoi,
Shakespeare, Dostoyevski, bueno, ni siquiera a Maquiavelo, porque confunden la obra
de “El Príncipe” con “El Principito”, que nunca se han sentado en la soledad de sus
privilegios a escuchar una sinfonía, llorar con una ópera o gozar de una buena película
de arte, creen que son capaces de asumir que a Tamaulipas le irá mejor si hacen de las
mujeres un símbolo político para quedar bien con el gobierno federal, desconociendo
que la cultura es un factor de cambio, de transformación; un instrumento para la paz en
las comunidades y un acicate para la prosperidad. Por eso han decidido crear la
Secretaría de las Mujeres, ignorando la cultura, concebida por ellos como parte de las
dádivas del bienestar.
¿Qué hilos mueven los intereses políticos detrás de este desacierto? Segura
estoy de que no es para mejorar la vida de las mujeres, sino para obtener prebendas
políticas y económicas para alguien con nombre y apellido de una élite gobernante y
familiar que ni siquiera sabe qué son la derecha y la izquierda, que, en su
conservadurismo, prefiere ignorar la cultura porque la considera suntuaria.
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