Palabras libres

Por Edgar Joel Yépez Ibarra

Nunca pensé, lo digo con absoluta franqueza, contemplar un vacío espiritual tan profundo.

Una ausencia tan dolorosa de cultura, de ética, de moral, de empatía y de sensibilidad en gran parte quienes se asumen como nuestros representantes populares, de todos los colores, en el congreso de la nación y en las casas de las leyes de las entidades. Vacíos espirituales que reflejan buena parte de quienes se autonombran políticos.

Nunca imaginé estar frente a semejante desierto del alma social.

Pretender ganar adeptos o defender una postura a costa de denigrar a otros seres humanos,  dista mucho de ser política humanista; denigrarnos entre todos son acciones  que nos alejan de toda transformación social.

Estas actitudes son grietas profundas, las heridas abiertas que no hemos podido cerrar en nuestras relaciones sociales y necesitamos sanarlas.

Nos lastimamos y nos agredimos tan solo por asegurar el pan de cada día o por unas cuantas migajas. Olvidando que el pan que se disfruta con mayor felicidad es el que se gana con honestidad, sin ofender ni despojar a nadie.

Todo esto que atestiguamos y que tanto duele no es sino el reflejo de nuestros grandes vacíos y desiertos espirituales.

Es tiempo de reencontrarnos en la dignidad, en el respeto, en la honestidad y en la cultura. Es hora de sanar a esta sociedad tan lastimada, comprendiendo una verdad dolorosa pero necesaria: los enemigos no vienen de fuera, los llevamos dentro cuando olvidamos nuestra humanidad.

No obstante tengo fe en fortalecer la educación y los valores en los niños y los jóvenes, en dedicar a ellos más esfuerzo, más entrega, más cultura, deporte, más de todo lo bueno para el crecimiento humano.