COLUMNA:
Por: José Gregorio Aguilar
Agosto 19, 2026
La cancelación de la visa de Andy López Beltrán volvió a encender el viejo recurso político: la defensa de la soberanía. La presidenta Claudia Sheinbaum lo resumió con una frase que ya circula en titulares: “Una visa no es certificado de honestidad”. Y tiene razón. Pero tampoco lo es el silencio.
El punto es que cada vez que un político pierde su visado, el discurso oficial se acomoda: ya no es un asunto individual ni normativo, sino una afrenta a la patria. El debate deja de ser sobre los motivos de Estados Unidos —investigaciones, criterios migratorios o sanciones— y se convierte en un llamado de unidad partidista.
La soberanía, bandera histórica en México, se capitaliza como recurso emocional. Se presenta al afectado como víctima de la diplomacia extranjera y se moviliza a la base de simpatizantes. El contraste es evidente: cuando no hay conflicto, el tema de visados ni figura en los discursos cotidianos; pero cuando surge un caso, la soberanía aparece como escudo improvisado.
Aquí cabe la ironía: la soberanía es como el mariachi de emergencia, que sólo se contrata cuando hay bronca, no cuando falta música.
Definir soberanía es recordar que se trata de la capacidad de un Estado para decidir libremente sobre sus asuntos internos y externos. No es un recurso retórico de ocasión, ni un disfraz para cubrir silencios. Defenderla implica transparencia y responsabilidad, no discursos patrióticos de emergencia.
Y lo más contradictorio: mientras algunos políticos prefieren agredir verbalmente a Estados Unidos en lugar de exigir explicaciones claras, cada fin de semana cruzan la frontera para ir de compras. Ojo, muchos de los que se dicen de izquierda tienen a sus hijos estudiando allá. La soberanía se defiende en los hechos, no en las piñatas ni en los discursos de ocasión.
El trasfondo es que, aunque Estados Unidos no ha explicado el motivo del retiro de la visa, la conveniencia política de Morena sería ser transparente. Porque el pueblo no necesita discursos patrióticos de ocasión, necesita respuestas claras.
Una visa no es certificado de honestidad, pero tampoco lo es el silencio. Y si la soberanía se defiende sólo cuando conviene, entonces no es bandera nacional: es disfraz político.