POR LA LIBRE

POR EDELMIRA CERECEDO GARCÌA

La fiesta, el poder y la despedida que nadie quiere anunciar
Justo en 2019, cuando Mateo Vázquez era alcalde, la Presidencia Municipal también se convirtió en escenario de una verbena popular. No era igual, claro que no. Pero tenía esa misma fórmula tan mexicana de la política: música, gente, sonrisas, abrazos y, por supuesto, la oportunidad perfecta para fingir que aquí todo está de maravilla… aunque mañana se esté cayendo el techo.
Hoy la historia vuelve a repetirse.
Ahora la fiesta es de Paty Chío.
Bueno… oficialmente.
Porque si uno pregunta quién es la Presidenta, la respuesta es Paty. Pero si pregunta quién manda, ahí la cosa se pone bastante más interesante.
Porque dicen que el verdadero Presidente es Rigoberto Rodríguez Rangel.
Rigo, pues.
El hombre que no tiene la corona, pero se comporta como si le hubieran regalado el reino; que no firma como alcalde, pero actúa como si cada decisión pasara primero por su escritorio. Un poder extraño, de esos que nadie explica, pero que todos conocen.
Y mientras Paty cumple años, Rigo parece estar cumpliendo otra cosa:
su desgaste político.
Porque hay fiestas que celebran un cumpleaños y hay fiestas que parecen el último intento de demostrar que todavía existe el control.
Esta tuvo música, invitados, abrazos y mucha gente.
Lo único que faltó fue repartir un souvenir con la leyenda:
“Gracias por venir. No se acostumbren.”
Y aquí viene lo divertido.
Porque juntar gente para una fiesta no necesariamente significa tener respaldo político.
A veces significa que había música.
Y comida.
Y entrada libre.
Y eso, en política, también convoca.
Al final del día, Paty puede tener pastel, Rigo puede tener control y la Presidencia puede tener fiesta.
Pero el calendario no negocia con nadie.
Cuando llegue la hora de entregar las llaves, ni el grupo musical, ni los abrazos, ni los cientos de invitados van a poder maquillar lo evidente.
Porque en política, como en las fiestas:
unos se aferran, otros se van… y siempre hay alguien que termina recogiendo las sillas.
Y si la intención era demostrar cuánto quieren a Paty, qué bueno que hay videos y fotografías.
Porque en política la memoria es muy selectiva.
Pero el archivo no….Se los dejo de tarea

Astrid: cuando la gente no necesita que le pongan silla.

Y entonces aparece el contraste.
Caso completamente diferente fue la demostración de fuerza política y social de Astrid Sontoya Müller.
Aquí no hubo la necesidad de montar un espectáculo de poder.
No hubo que presumir estructuras.
No hubo que convertir una comida en mitin.
Hubo algo mucho más difícil de fabricar:
«gente que quiso estar.»
Más de cien personas.
Más de cien almas que llegaron porque conocen a Astrid, porque han visto su trabajo y porque saben que cuando toca una puerta no va solamente a tomarse la fotografía.
Va a resolver.
Va a gestionar.
Va a buscar.
Va a regresar.
Y eso, en política, vale muchísimo más que cualquier escenario lleno de luces.
Porque Astrid entendió algo que a algunos políticos todavía les cuesta trabajo:
el pueblo no vive en redes sociales
El pueblo vive en su casa.
En la colonia.
En el ejido.
En la escuela de sus hijos.
En la necesidad diaria.
Ahí está la verdadera política.
Por eso Astrid no se quedó llorando por las traiciones.
No hizo berrinche.
No pidió permiso para seguir avanzando.
Trabajó.
Y vaya que trabajó.
Cuando algunos pensaron que una ruptura partidista podía apagar su carrera, Astrid hizo exactamente lo contrario: tomó aire, sostuvo sus convicciones y comenzó a construir nuevamente.
Hoy esa construcción ya tiene rostro.
Tiene nombres.
Tiene más de cien personas caminando con ella.
Y tiene una nueva casa política:
MORENA.
Para quienes todavía no se han enterado ;porque algunos parecen recibir las noticias por correo de paloma: Astrid Sontoya Müller es morenista.
Su salida del Partido Verde marcó un nuevo capítulo después de su separación política con Manuel Muñoz el dirigente misogino.
Y quizá ahí está una de las cosas que más incomodan en ciertos círculos:
una mujer que no se dejó sacar del juego.
Porque hay quienes toleran perfectamente a una mujer mientras permanezca en el lugar que ellos consideran conveniente.
Pero cuando esa mujer crece, decide, construye y empieza a tener gente detrás…
¡Ah, caray!
Entonces aparecen las explicaciones.
Las reuniones.
Los bloqueos.
Los cuestionamientos.
Las versiones.
Las caras largas.
Y hasta los intentos de minimizar lo que está ocurriendo.
Pero Astrid no necesita que le expliquen su fuerza.
La está viendo.
La está caminando.
La está construyendo.
Y lo más importante: la está construyendo desde abajo, no desde un escritorio.
Por eso su llegada a MORENA no parece una simple mudanza de partido.
Parece una evolución política.
Una mujer que fue cuestionada, desplazada o subestimada ,según la lectura de cada quien, terminó haciendo algo que en política suele ser devastador para sus adversarios:
sumar gente.
Y cuando una mujer suma voluntades sin repartir puestos, sin prometer milagros y sin montar un circo para demostrarlo, entonces ya no estamos hablando solamente de una regidora.
Estamos hablando de una figura que está comenzando a construir territorio.
Por eso quizá deberían dejar de preguntarse quién está detrás de Astrid.
La pregunta correcta sería:
¿quiénes están empezando a caminar detrás de ella?
Porque el poder verdadero no siempre llega con camionetas, operadores y estructuras.
A veces llega en tenis y cachucha, toca una puerta y pregunta:
“¿En qué te puedo ayudar?”
Y cuando vuelve a salir, ya lleva a cien personas detrás.
Eso sí es músculo.
Eso sí es territorio.
Eso sí es política.
Y mientras algunos siguen contando sillas para demostrar cuánta gente tienen, Astrid está contando problemas resueltos.
La diferencia parece pequeña.
Pero políticamente es enorme….ESTUDIEN Y HAGAN LA TAREA.

La UAT: cuando transformar significa abrirle la puerta al futuro.

Y hablando de construir futuro, hay una institución que acaba de abrir sus puertas nuevamente para recibir a miles de jóvenes que representan, literalmente, el futuro de Tamaulipas:

la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Acompañados por el gobernador Américo Villarreal Anaya y por el rector Dámaso Anaya Alvarado, más de 43 mil 500 estudiantes iniciaron el periodo escolar Otoño 2026-3.
Y aquí sí vale la pena detenerse.
Porque detrás de esa cifra no hay solamente matrícula.
Hay historias.
Hay familias.
Hay sueños.
Hay jóvenes que quizá serán los próximos médicos, ingenieros, investigadores, maestros, abogados, científicos, empresarios y servidores públicos de Tamaulipas.
Y eso convierte el inicio de clases en algo mucho más grande que una ceremonia.

Es una apuesta por el futuro.
La apertura de la nueva Preparatoria UAT Tampico confirma además que la Universidad no está pensando únicamente en el presente.
Está ampliando sus espacios para recibir a las nuevas generaciones y acompañarlas desde el inicio de su formación.

Y aquí hay que reconocer el trabajo del gobernador Américo Villarreal Anaya, porque cuando un gobierno entiende que la educación es una de las herramientas más poderosas para transformar una sociedad, está sembrando pensando en generaciones, no en temporadas políticas.

Eso tiene enorme valor.
Porque una carretera se inaugura una vez.

Una obra puede durar décadas.
Pero la educación de una persona puede transformar generaciones completas.

Y junto a esa visión está el trabajo del rector Dámaso Anaya Alvarado, quien ha venido consolidando una UAT con mayor presencia, crecimiento académico y una clara vocación de servir a Tamaulipas.

La fórmula es sencilla, pero poderosa:
Gobierno que impulsa.
Universidad que forma.
Juventud que transforma.
Y ahí está la verdadera grandeza.
Más de 43 mil 500 estudiantes regresando a las aulas significan más de 43 mil 500 oportunidades de cambiar historias.
Porque quizá alguno de ellos será quien encuentre la solución a un problema que hoy parece imposible.
Quizá alguno descubra una vocación que termine cambiando la vida de su familia.
Quizá alguno se convierta en el profesionista que Tamaulipas estaba esperando.
Eso es lo que hace poderosa a una universidad.
No sus edificios.
No sus ceremonias.
No sus discursos.
Su gente.
Por eso hay que reconocer a Américo Villarreal y a Dámaso Anaya.
Porque cuando el Gobierno del Estado y la Universidad trabajan de la mano, el resultado no solamente se ve en una fotografía.
Se verá dentro de diez, veinte o treinta años.
Y entonces entenderemos que aquella aula que hoy abre sus puertas fue mucho más que un salón.
Fue el comienzo de una historia.
Porque los gobiernos pasan.
Los funcionarios pasan.
Las administraciones terminan.
Pero el conocimiento permanece.
Y si Tamaulipas quiere verdaderamente transformarse, necesita precisamente eso:
jóvenes preparados, universidades fuertes y gobiernos que entiendan que educar no es gastar: es invertir en el futuro.
La Poderosísima UAT vuelve a abrir sus puertas.
Y esta vez no solamente entra una nueva generación de estudiantes.
Entra el futuro de Tamaulipas.