La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
El sonado caso de la cancelación de la visa por parte de los EUA, a Andy López Beltrán, es un hecho que, a buena parte de los tamaulipecos, nos vale madre. O sea: ni nos va ni nos viene. La inhabilitación del documento es una potestad directa del gobierno gringo; lo que sí, puede alegarse, son las declaraciones posteriores al evento, por funcionarios norteamericanos: flagrante intervención en los asuntos de México.
López Beltrán, para pronto se enredó en la bandera y se dijo -vaya insensatez- defensor de la soberanía nacional y convocó al pueblo mexicano a sumarse a la lucha por la autonomía e independencia nacionales.
El parte, el hijo de AMLO tiene razón.
Ya vimos como el Tío Sam intervino recientemente en las elecciones de Colombia, Argentina y Ecuador.
Si sumamos a eso, la oposición antinacionalista que tenemos, podemos formar el rompecabezas que veremos el 2030.
¿Pero por qué a los tamaulipecos, mayoritariamente no nos mueve el enfado de Andy?
(Pobre bato: se siente AMLO en los días convulsos del desafuero, que concitó el apoyo popular jamás visto en el país: tres millones de ciudadanos, salieron a las calles a vitorear a un líder que los hizo sentirse orgullosos).
Gracias a López Beltrán, persiste el caos en Tamaulipas. Llevó de la mano a José Ramón Gómez Leal, con su papá y lo vendió como un ciudadano ejemplar; en unos meses fue instalado en la super delegación en el estado; esa manobra le dio la oportunidad de ubicar a sus testaferros en las aduanas más importantes de la frontera tamaulipeca.
Obvio: con la anuencia de Andy.
¿JR es un joven brillante?
No
Apenas sus luces le han dado para emprender modestos negocios -un gimnasio y un hotel- con el capital de su padre y con algunos socios bajo sospecha; el más celebre: el Gringo. Un cabecilla ultimado en la cruenta guerra por Reynosa.
Sin conocer a AMLO, sin militar en MORENA, sin trayectoria política en la oposición seria, ¿cómo se infiltró en la IV T?
Con la constante de toda su carrera: con dinero.
Bien dice el dicho: cuando no suena lógico, suena metálico.
¿A dónde fue a parar esa inversión?
Se infiere, se presume: a las manos de Andy.
Luego de trepar en la IV T, JR extendió sus relaciones: Adán Augusto López, Olsa Sánchez Cordero, Alejandro Hertz Manero y otros. Eso le permitió -estipendios de por medio- blindar a su cuñado, Francisco García Cabeza de Vaca.
En otras palabras: los problemas políticos de Tamaulipas, en la última década, en mucho se deben a las decisiones de López Beltrán.
Por todo eso y por otros motivos más: nos vienen guango, los agobios del ahora indocumentado Andy.