La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

El panismo tamaulipeco, hoy, está viviendo el error político del gobernador Francisco García Cabeza de Vaca: privilegiar para sí y los suyos programas patrimoniales y soslayar los proyectos políticos, dentro de los que estuvo uno de los de mayor importancia: su organización política, su partido.
Puso atención en mil cosas.
Menos en lo que le garantizaría un dominio de largo aliento en la entidad.
Dio preferencia a los negocios; otorgó prioridad a las alianzas cuasi criminales con las corrientes nacionales panistas; gobernó con un grupo cerrado de incondicionales; y pactó con bandas antisociales de todo tipo en el estado.
Su soberbia, le impidió operar una estrategia política de largo plazo; prefirió hacer alianzas con factores y agencias extranjeras para garantizar su impunidad y farolear con un supuesto poder supranacional.
En esa dinámica, olvidó a sus aliados locales. Habiendo recibido el soporte de un panismo extenso, de activación en toda la geografía tamaulipeca, terminó haciendo pedazos esas micro coaliciones que lo encumbraron.
Con la gubernatura en sus manos, poco le interesó el partido y sus líderes regionales. De esa manera, expulsó en Nuevo Laredo, a los Cantú Rosas; en Reynosa, a Maky y aliados; en Matamoros a Lety Salazar; en Victoria, al veterano panismo que representó Lydia Madero; en Tampico, con trato frío, distante, mantuvo una relación interesada con el vigoroso panismo comandado por Chucho Nader.
Se sentía poderoso.
A los panismos tamaulipecos, los veía chiquitos y orejones.
Él ya se asumía como parte de la Nomenklatura. Repartió millones de pesos entre la cúpula azul, creando una urdimbre de complicidades que aún ahora los protegen, aunque no con la vehemencia de antaño.
Tanto le aterciopelaron los oídos esas voces patrocinadas, que perdió el piso: hasta soñó con la presidencia de la república. Le dieron machetazo a caballo de espadas: lo estafaron con esa promesa quienes le juraban que podía disputar la presidencia de la república.
Embriagado con esa fantasía que le construyeron los lángaras azules, perdió el foco: no puso atención al estado que gobernaba. Alucinado con su nueva ilusión, se dedicó a hacer una precampaña presidencial, con una estrategia osada: enfrentarse al presidente AMLO.
Con todo el dinero de Tamaulipas, pensó que concretaría sus anhelos.
Sus amigos de EUA lo proveyeron de munición y de prepotencia.
Lamentablemente para él y sus cómplices, falló.
Ahora es un objetivo de la justicia mexicana; para evitar ser capturado, huyó hacia la tierra que lo vio nacer.
Aquí dejó en la orfandad a un panismo que agoniza como fuerza opositora.
En su exilio, Cabeza de Vaca, estará dándose de golpes contra la pared.
Sí: en el mejor escenario para la oposición, carece de partido para aprovecharlo.