La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

Una de las herencias negras del neoliberalismo en Tamaulipas, fue la perversión plena del sindicalismo. Ya era una genuina representación del charrismo que nació en México a partir de las postrimerías del nacimiento de la CTM; pero en la región, se refinó disfrazándose de corporativismo.
En un afán por desmantelar toda esa estructura desviada de los intereses de los obreros, el presidente Carlos Salinas de Gortari -con objetivos distintos, más afines al mercado que a los trabajadores- los hostigó de tal manera que los achicó en sus parcelas de poder.
Pedro Pérez Ibarra en Nuevo Laredo; Reynaldo Garza Cantú, en Reynosa, Agapito González en Matamoros, en Victoria, Pablo Sánchez Puga y en Tampico a Diego Navarro.
Salinas no trató de borrarlos del escenario; sólo intentó fragilizarlos para negociar con ellos desde su debilidad, para la reforma laboral que finalmente no concretó.
En las localidades el PRI, pragmático al fin, pactó con los residuos del movimiento obrero para amacizar su hegemonía. Por un largo tiempo lo logró.
Ese acuerdo entre burocracia obrera y autoridad generó paz social entre el trabajo y el capital. Los miles de trabajadores de la industria y la maquila, transitaron ese acuerdo desventajoso para ellos.
El PRI en su peculiar forma de gobernar, entregó canonjías en el aparato administrativo gubernamental; principalmente, al sindicato de las COMAPAs. Esa oscura alianza arrastró innumerables problemas, que ahora hacen crisis y afectan a las comunidades.
Complicado fenómeno: miles de aviadores, centenares de trabajadores sin capacidad para realizar su labor, sueldos estratosféricos para militantes políticos que ahí cobran, presupuesto desorbitante para un grupo de servidores públicos que hacen nada y hasta robo de material de la dependencia.
La ubicación del sindicato en una zona tan vital y estratégica para los usuarios incrementó la capacidad de presión de una burocracia laboral, de manera tal, que son intocables por las administraciones municipales.
El gobierno creó un monstruo que diariamente, amenaza con devorarlo.
No tienen dinero para cubrir las necesidades de tanta base trabajadora y menos para liquidarlos en caso de despidos. Ese es el contradictorio escenario, en que se mueve la relación obrero-gobierno en las COMAPAs de la entidad.
Por esas causas -y otras como la corrupción- las instituciones responsables de administrar los recursos hídricos públicos para uso doméstico e industrial, han tomado el camino fácil para resolver sus contradicciones: solicitar créditos.
Se requiere una solución de fondo.
Todos esos préstamos -autorizados por el Congreso- van al caño; los problemas estructurales de esas dependencias seguirán en tanto no se dé una solución integral e inteligente. Son todo un espectáculo, las fugas de agua potable y drenaje, en Madero, Altamira, Tampico, Victoria, Río Bravo en tanto los titulares de las COMAPAs difunden fotografías alegres entre zanjas y tuberías supuestamente reparadas.
¿Veremos el día en que destierre de Tamaulipas a Tántalo?