Por La Libre.

Por Edelmira Cerecedo García.

Hace años llamaba poderosamente la atención ver a una mujer tomar el control de un municipio. No porque fuera la mujer que necesitaba doblar el corazón para gobernar, sino precisamente porque entendió que hay momentos en que gobernar exige firmeza, carácter y, sobre todo, saber resolver.
Así apareció en el escenario político Mariela López Sosa, la mujer que terminó convirtiéndose en una auténtica Dama de Hierro de la política tamaulipeca y que hoy puede presumir algo en tiempos difíciles consiguió: haber sido Presidenta Municipal de Xicoténcatl en dos ocasiones.
Y eso, en política, no es casualidad.
Mariela no llegó a la política para adornar una fotografía ni para ser la acompañante de nadie. Aprendió a caminar con sus propios zapatos, a medir los tiempos, a conocer los terrenos minados y, sobre todo, a entender que frente a los gobiernos adversarios la confrontación permanente no siempre es inteligencia política.

Su firmeza frente a quienes no comparten su proyecto ha sido, muchas veces, una clase de diplomacia.

Porque una cosa es tener carácter y otra muy distinta saber utilizarlo.
Mariela aprendió a lanzar los dardos políticos con precisión. A saber cuáles valía la pena disparar y cuáles simplemente no merecían desperdiciar una flecha.

Lo que no suma, no distrae.
Y quizá ahí está una de las grandes transformaciones de Mariela López Sosa: entendió que en política no puedes vivir desarticulada, brincando de una posición a otra dependiendo de quién esté enfrente.
Tienes que ser de una sola pieza.
Y ella se convirtió en eso.

Una mujer que conoce a su municipio hasta la médula, que sabe lo que significa cargar con las responsabilidades de gobernar y que ha entendido que cada decisión tiene un costo político, pero también una consecuencia para la gente.
Mariela no necesitó gritar para hacerse notar.
Necesitó demostrar que sabía ejecutar.
Y cuando una mujer demuestra que sabe ejecutar, el discurso deja de ser lo importante.
Hablan los resultados.

Hoy, además, quiero permitirme una licencia muy personal.
Conozco a Mariela desde hace años. Porqué hubo un tiempo en que existió cercanía, amistad y confianza. Hoy ya no es así. Ya no existe esa relación de amistad y confianza que alguna vez hubo y lo digo sin dramatismos y mucho menos con reclamos.
Porque también eso forma parte de la política y de la vida, el trabajo nos une.
Y hay algo que debo reconocerle: Mariela sabe manejar hasta el distanciamiento.

No necesita hacer de una diferencia una guerra, ni necesita destruir lo que alguna vez existió.
Simplemente pone distancia.
Y sigue caminando.
Eso también es carácter.

Por eso, aun desde una posición distinta, desde esos espacios donde ya no existe aquella cercanía personal, puedo decir algo que no necesita de ninguna amistad para ser verdad:
Mariela López Sosa es una mujer que admiro políticamente.

Porque hay personas que dejan de ser cercanas y, sin embargo, no dejan de ser interesantes.
Hay mujeres que pasan por la política.
Y hay mujeres que dejan una marca en ella.

Mariela pertenece al segundo grupo.
No creo que hoy Mariela haya crecido;
«Mariela ya era un gigante.»
Lo que necesitaba era encontrar el momento, el espacio y las circunstancias para detonar todo ese poder de ejecución, esa disciplina y ese liderazgo que durante años estuvieron ahí, esperando su momento.

Y vaya que lo hizo.
Dos veces Presidenta Municipal de Xicoténcatl no es un título que se regale. Se construye, Se pelea, Se sostiene;
Y se vuelve a ganar.

Hoy que cumple un año más de vida, no puedo dejar pasar la fecha sin reconocer a esa mujer que, con sus aciertos y sus decisiones, con sus cercanías y sus distancias, con sus batallas y sus silencios, ha sabido construir una trayectoria propia.

Así que desde esta columna le digo:
¡Feliz cumpleaños,Licenciada Mariela.! Actual Presidenta de Xicoténcatl.

Que la vida le siga dando salud, fuerza y muchos motivos para celebrar.
Que vengan más éxitos, más proyectos y más capítulos en esa historia política que todavía tiene mucho por escribir.

Porque si algo aprendí observando a Mariela López Sosa es que una Dama de Hierro no necesita tener a todos cerca para seguir avanzando.
Le basta saber perfectamente hacia dónde va.
Y Mariela, desde hace mucho tiempo, aprendió a caminar siempre hacía adelante.

Feliz vida, Mariela. Que sigan los éxitos.