DE PRIMERA ………. LA DAMA DE LA NOTICIA

POR ARABELA GARCIA ……

A ver, raza, no nos hagamos tontos. Aquello de los romanos cobrándole tributo a los judíos para mantener sus lujos, sus joyas y sus palacios se queda corto al lado de la realidad que estamos masticando. Cambian las túnicas por trajes de marca y los carruajes por camionetotas blindadas, pero la maña es idéntica: la famosa «cuota» que trae con el agua al cuello a Matamoros y a todo el país, exprimiendo al que de verdad se faja el lomo desde antes que salga el sol.

Moraleja 1: El Imperio cae cuando le quitas el pan al que sí trabaja

En Roma existía el «Pan y Circo»: le daban espectáculo al pueblo para mantenerlo anestesiado mientras por atrás les sacaban hasta los dientes con impuestos. Hoy la jugada es igualita, solo que el circo son las mañaneras y el pan son las becas. Con tanto programa social regalado a lo buey, se nos está haciendo costumbre el deporte nacional de estirar la mano y no dar golpe. La gente prefiere esperar el cheque del gobierno que meterse a una maquila o jalar para otro. ¿El resultado histórico? Un imperio sin producción se va directo a la pobreza extrema, porque las dádivas no crean riqueza, solo crean ataduras.

Moraleja 2: La avaricia del poder siempre pudre a la sociedad

Los césares comían uvas en banquetes mientras la raza en las calles se mataba entre sí por pura desesperación. Hoy vivimos tiempos francamente apocalípticos: entre las drogas que le secan el cerebro a la chaviza y el estrés que le destroza el corazón al padre de familia que nomás quiere llevar comida a la mesa, la sociedad se nos está deshaciendo entre las manos. Y los de arriba, bien felices, entretenidos contando el dinero de las cuotas.

La lección que Roma no aprendió (y que aquí estamos ignorando):

Cuando el cobrador de impuestos y el extorsionador piden más de lo que la gente puede producir, el sistema truena. Ningún palacio aguanta el peso de un pueblo exprimido, sin razón y sin ganas de trabajar.

La «Garantía» de las Escuelas Patito: Moches y Venta de Ilusiones

Y por si la asfixia del cobro de piso y el asistencialismo fuera poca cosa, el sector educativo sale a poner su granito de cinismo. El caso de la supuesta escuela militarizada Dornitz (campamento, academia o el changarro fantasma que hayan inventado) expone de cuerpo entero la inmensa incompetencia —o la complicidad descarada— de las autoridades.

¿Cómo demonios opera un negocio así, sin protocolos de seguridad, sin supervisión real y al margen de la ley? Facilito: al calor de los moches.

Mientras la caja registradora de estos establecimientos patito no deje de sonar y el dinero «por debajo de la mesa» siga salpicando a los inspectores, la autoridad se hace de la vista gorda… hasta que truena la tragedia.

Las autoridades de educación tienen que dejarse de rodeos y apretar las tuercas ya:

Padrón y lupa real: Censo obligatorio y público de cualquier negocio que venda adiestramiento o educación.

Cero tolerancia a los «moches»: Auditorías sorpresa a protocolos de protección civil y permisos.

Clausura inmediata: Cancelar y entorcelar a los dueños de estas cuevas de simulación antes de que sigan cobrando vidas.

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