Columna Opinión Económica y Política.

Dr. Jorge A. Lera Mejía.

Hay obras que se construyen con presupuesto y hay obras que se construyen con convicción… El sueño que hoy es concreto, acero y esperanza. «El Complejo Integral Multidisciplinario de Altamira —el CIMA— pertenece a esta segunda estirpe».

Esta mañana, el alcalde Armando Martínez Manríquez recorrió nuevamente los andadores de la que sin duda es la obra cumbre de su gobierno, y quienes lo acompañaron con la mirada pudieron advertir algo más que avances físicos: se percibía la emoción serena de quien ve materializarse una promesa hecha desde 2021, cuando asumió por primera vez la presidencia municipal.

El CIMA nació como compromiso en aquella primera campaña y hoy es el símbolo del nuevo rostro urbano de Altamira. No fue un camino sencillo: se trata de una obra levantada esencialmente con recursos municipales, lo que implicó orden financiero, disciplina y una voluntad política poco común.

La primera etapa —cimentación, estacionamiento y estructura principal— concluyó con una inversión cercana a los 112 millones de pesos, y la segunda, con más de 152 millones, ha llevado el proyecto a su recta final. En conjunto, el megaproyecto supera los 264 millones de pesos en un predio de catorce hectáreas.

Cada peso invertido tiene rostro y destino: un gimnasio fitness de vanguardia, tres canchas cerradas y climatizadas con duela de alto impacto, salones de usos múltiples, auditorio, espacios para artes, danza, teatro y música, áreas verdes, accesos incluyentes para personas con discapacidad y estacionamiento techado con capacidad para más de cuatro mil doscientas personas.

Durante décadas, Altamira —motor industrial y portuario del sur de Tamaulipas, sede de más de cincuenta complejos industriales representados por la AISTAC— vivió una paradoja dolorosa: generaba riqueza, empleo y exportaciones, pero carecía de un recinto digno para convenciones, exposiciones, informes de gobierno o deporte de alto rendimiento. Sus municipios hermanos, Tampico y Ciudad Madero, concentraban la vida social y los grandes eventos. El altamirense tenía que salir de su tierra para celebrar lo suyo.

El CIMA corrige esa deuda histórica. A partir de su apertura, Altamira podrá albergar congresos empresariales, ferias industriales, torneos nacionales e internacionales, espectáculos artísticos y encuentros académicos. Y donde llegan las convenciones, llegan la hotelería, la restaurantería, el transporte, los servicios y, sobre todo, el empleo. El propio alcalde lo ha planteado con claridad: se trata de colocar a Altamira como ciudad de primera categoría y consolidarla como motor económico del sur de Tamaulipas, impulsando turismo, comercio y servicios.

En este momento histórico para consolidar a Altamira, el capital no llega solo por logística, sino también por calidad de vida, y ahí el CIMA es pieza estratégica. Altamira fue decretada primer Polo de Desarrollo del Bienestar de Tamaulipas, uno de los 14 polos del país, con una cartera estatal superior a 20 mil millones de dólares asegurados por empresas de Estados Unidos, Japón, Corea y Europa. Dentro del Plan México, esa consolidación proyecta 40 mil nuevos empleos en el sur de Tamaulipas en 25 años, duplicando la base laboral del corredor y puerto industrial. A ello se suman la segunda planta de licuefacción de New Fortress Energy, con más de 4 mil millones de dólares, y el parque North Point, con 3,500 empleos previstos.

El CIMA será sede de convenciones de la AISTAC, ferias de proveeduría, misiones comerciales y programas de capacitación. Eso es competitividad territorial: retener en Altamira la reunión, la decisión y el empleo.

Se ha insistido, con razón, en que el CIMA no será un elefante blanco: desde su concepción se buscaron alianzas y asesoría para garantizar programación permanente y actividad continua. Ese es el sello de un gobernante que piensa en obras vivas, no en monumentos vacíos.

El próximo 21 de septiembre, cuando el gobernador Américo Villarreal Anaya corte el listón inaugural, no se estrenará solamente un edificio. Se abrirá una plataforma de desarrollo, un imán para inversiones locales, nacionales e internacionales, y un espacio donde las familias altamirenses encontrarán salud, cultura, deporte y comunidad bajo un mismo techo.

Que quede escrito: hubo un tiempo en que Altamira soñó con llegar a la cima. Y un alcalde, Armando Martínez Manríquez, decidió construir el camino. Hoy ese sueño tiene forma, tiene fecha y, muy pronto, tendrá puertas abiertas para todos…