El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez

Desde un principio se nota que no sabe nada de nada; el personaje en cuestión es impulsado únicamente por su ambición desmedida y sus ansias vulgares de montarse sobre la estructura de un Ayuntamiento que, claramente, no es para cualquiera.

Los municipios de la frontera tamaulipeca son un polvorín sumamente complejo; no están hechos para inexpertos ni mucho menos para oportunistas que pretendieron subir la escalera del poder colgados de influencias familiares, carentes de preparación, pero eso sí, rebosantes de codicia. ¿Qué se puede esperar de un sujeto que mendiga ser candidato de Morena tras haber pisoteado sistemáticamente las máximas de no robar, no mentir y no traicionar?

Marcelo Olán Mendoza ni siquiera se viste para el cargo. Está a años luz de tener la estatura necesaria para alcanzar la candidatura a la alcaldía de Reynosa que ya anda disputando; una nominación que, para colmo, busca a escondidas en las oficinas de la Ciudad de México, operando diversos encuentros con los que pretende negociar una posición, todo a espaldas de su verdadero jefe político, el gobernador Américo Villarreal Anaya.

Mientras él conspira, en los pasillos de las Oficinas Fiscales de Reynosa corren rumores igual de turbios y traicioneros que las corrientes del río Bravo, los comentarios destapan los cobros irregulares y descarados que ejecutan diversas mafias de «coyotes» al exterior de las instalaciones, operando bajo el cínico aval y la protección de Marcelo.

Esto no es un secreto de pasillo; las denuncias ya fueron depositadas directamente en la oficina del secretario de Finanzas, Carlos Iram Ramírez González, y en el propio escritorio del mandatario estatal. Muchas de estas corruptelas ya trascendieron a los medios de comunicación, pero como ocurre en todo régimen de simulación, las víctimas no se atreven a ratificarlas ante la Fiscalía por el fundado temor de poner en riesgo su integridad física.

La podredumbre lo persigue desde los días en que fungía formalmente como titular de la Oficina Fiscal en Reynosa, donde siempre estuvo obsesionado con exprimir la dependencia para amasar los recursos necesarios que financiaran sus raquíticas actividades sociales y políticas.

En el Palacio de Gobierno continúa la temporada de purgas, por lo que al interior de la Secretaría de Finanzas todavía se vaticinan severos ajustes donde la cabeza de Olán Mendoza sigue en la línea de fuego. En el tercer piso evalúan con frialdad su situación y aún no definen si le ordenan una retirada fulminante o si le siguen permitiendo el capricho de jugar al candidato municipal o, de perdido, a una diputación local para garantizarle fuero.

Para documentar el desparpajo, hace unas horas comenzó a circular un video difundido por la página El Emysor que retrata de cuerpo entero al polémico funcionario. Ataviado de forma estrafalaria con un pantalón de vestir, una guayabera y botines, el sobrino del expresidente Andrés Manuel López Obrador pretendió, con una actitud totalmente cantinflesca, convertirse en domador de caballos. Nos referimos a los imponentes ejemplares que integran la caballería de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), animales que son trabajados exclusivamente por jinetes militares expertos en alta escuela y manejo ecuestre.

Frente a la majestuosidad de los equinos, pocos resisten la tentación de tomarse una fotografía. Marcelo Olán sucumbió al instante, hipnotizado por la estampa y el poder de un imponente corcel que era controlado a duras penas por un militar. El animal andaba sumamente intranquilo, por lo que el capitán a cargo le advirtió con claridad al funcionario que desistiera de su intento porque el binomio «andaba rejego». Con soberbia ciega, el pintoresco burócrata reviró asegurando que él «era muy bueno para la monta».

Le permitieron intentarlo, pero el miedo lo traicionó de inmediato. Temblando de terror, Olán pretendió afianzar el pie en el estribo y ni siquiera pudo lograrlo. Paradójicamente, el imponente animal lleva por nombre “El Futuro”; el mismo que le impidió el paso de forma tajante. Queda claro que el futuro político simplemente no está de su lado.

Ante el inminente peligro, el capitán de caballería le recomendó cambiar de montura y subirse a otro animal bautizado como “Bingo”. Marcelo aceptó, pero su suerte estaba echada. Tras haber sido prácticamente izado y empujado por varios ayudantes para poder encaramarse en el lomo del caballo, apenas duró unos cuantos segundos arriba cuando salió volando de forma humillante directa al suelo. El funcionario cayó estrepitosamente de trasero y, de puro milagro, se salvó de recibir una patada letal por parte del bravo equino.

Marcelo Olán debe asimilar la dolorosa lección de este porrazo: «El Futuro» lo rechaza y la suerte del «Bingo» lo condena; perdió contra el destino y contra su propia impericia. El funcionario estatal debe entender de una buena vez que si aspira a gobernar una ciudad como Reynosa, no puede andar jugando con las patas de los caballos ni pretendiendo montar dos animales políticos a la vez.

Para la próxima ridiculez, al menos se le recomienda portar sombrero, pantalón vaquero y una camisa a cuadros, para que el chusco sea visualmente menor al que comete diariamente pregonando a los cuatro vientos que será el abanderado de Morena. Mientras tanto, en la Ciudad de México lo ordeñan en la mesa de las negociaciones, ignoran que esos recursos que le exprimen por la izquierda provienen del cobro de cuotas en las oficinas fiscales, evidenciando que la inversión le es completamente ajena, ahí se sacó la lotería, aunque pierda en el bingo.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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