Columna Rosa, sólo para Mujeres.

Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.

El verano que comienza está semana con las vacaciones oficiales de las principales instituciones, además de la temporada vacacional desde arranque de julio de los centros escolares, el turismo de Tamaulipas se ve colmado de gran potencial.

Tamaulipas se abre al visitante con una ubicación privilegiada: fronteriza con el Golfo de México, sus costas ofrecen playas como La Pesca y Barra del Tordo, refugios de arena y mar donde la pesca tradicional convive con paisajes tranquilos.

Más al sur, las playas de Madero y Altamira suman oferta turística y portuaria, combinando servicios, malecones y atardeceres que invitan a la contemplación. Playa Miramar qué abarca los municipios de Madero y Altamira es en este momento la Joya de la Corona turística de Tamaulipas. Llegan en esas playas mas de la mitad del turismo de todo el está en temporadas de Semana Santa, Pascua y el Verano.

Hoy por hoy, en Altamira, el turismo comienza a renovarse con una visión moderna y sostenible que fortalece su identidad costera.

La recientemente rehabilitada Playa Tesoro se posiciona como un espacio atractivo para familias, con mejores accesos, servicios y áreas de descanso que invitan a disfrutar del Golfo en un entorno más ordenado y seguro.

Por su parte, la Laguna de Champayán vive una transformación significativa gracias a trabajos de desazolve que recuperan su capacidad hídrica, acompañados de la modernización de su malecón con palapas, áreas verdes y espacios recreativos que fomentan la convivencia social.

Destaca también el nuevo puente flotante que conecta con la Isla de la Esperanza, convirtiéndose en un punto emblemático para el paseo y la fotografía. A ello se suman los recorridos del tranvía turístico, que permiten redescubrir la ciudad desde una perspectiva cultural y accesible. Estos avances perfilan a Altamira como un destino emergente con gran potencial turístico en el sur de Tamaulipas.

Las franjas costeras no solo son escenario de recreo; son zonas ricas en biodiversidad y memoria pesquera, puertas de entrada a la naturaleza.

En el corazón montañoso del estado se encuentra la Reserva de la Biosfera El Cielo, un tesoro natural de altitudes y climas que se elevan desde selvas cálidas hasta bosques de pino y encino.

El Cielo guarda neblinas, cascadas, ríos cristalinos y miradores que revelan valles envueltos en nubes.

Su flora incluye orquídeas y helechos únicos en la región; su fauna alberga especies emblemáticas como el águila real, el ocelote, pumas en zonas remotas y aves migratorias que encuentran en sus bosques refugio estacional.

Los amantes de la ecología visitan reservas y senderos para observar mariposas, monos araña en zonas más altas (en registros locales) y una sorprendente variedad de hongos y musgos que testimonian ecosistemas bien conservados.

Hacia la frontera noreste, el Pueblo Mágico de Mier ofrece otra forma de asombro: calles empedradas, fachadas de adobe y una historia fronteriza que combina tradiciones mexicanas y norteñas.

En Mier se puede recorrer la plaza principal, visitar la iglesia de la Asunción y descubrir artesanías locales, así como experimentar la hospitalidad de sus habitantes.

Sus festividades y su cocina regional —platillos deliciosos y dulces tradicionales— invitan a una gran experiencia para toda la familia sin tener que gastar mucho.

Cerca de Río Bravo, la Hacienda Santa Engracia emerge como paisaje de agua y arquitectura histórica.

Su río, sombreado por los árboles y en medio de la vegetación, ofrece espacios para caminatas, fotografía y contacto directo con la naturaleza, en un entorno cálido, lo que me trae buenos recuerdos de mi infancia.

El estado de Tamaulipas combina costa, montaña y pueblos con identidad propia: es destino ideal para quienes buscan avistamiento de naturaleza, rutas de ecoturismo y experiencias culturales.

Además, su oferta gastronómica —mariscos frescos en la costa, carnes asadas y dulces tradicionales en el interior— convierte cada recorrido en una experiencia sensorial.

Recomendado para viajeros curiosos que valoran la biodiversidad, la historia viva y la cocina local.