La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

El secretario del ayuntamiento victorense, Hugo Rodríguez Silva, en su búsqueda de la candidatura por la presidencia municipal se le achicaron -por no decir que desaparecieron- las posibilidades de concretar su proyecto.
¿Por qué?
Sencillo: salió a la palestra el jefe edilicio Lalo Gattás, afirmando que va por una diputación federal.
Obvio: en ese momento se reventó la pompa de jabón que era el sueño de Hugo.
¿Así de drástico?
Así de rudo: sería una obscenidad dar a la misma corriente política, la diputación y la presidencia municipal.
Es mucho pedir.
La regla no escrita del sistema político tamaulipeco plantea una oposición a la sobrerrepresentación sociopolítica de un solo grupo de gobierno en un territorio tan estrecho.
Otra eventualidad que aplasta los anhelos de Huguito es su escasa presencia entre la ciudadanía capitalina; no creció lo suficiente, como para ganar la representación de MORENA. Tiempo tuvo suficiente; lo que le faltó fue destreza, para moverse en el pantanoso escenario donde solo reina el gobernador del estado.
Sudó calenturas ajenas.
Compró pleitos que no eran suyos.
Se confrontó con un poder, que aún en los momentos más críticos de debilidad, sigue definiendo la política de la entidad.
En suma: le ganaron la inexperiencia y la impericia.
Coronó todas esas debilidades, con otra no menos dañina: la soberbia.
Despotricó a temprana hora que sería candidato por Victoria. Esa postura prendió los focos rojos en palacio de gobierno. Fue un amago abierto y una acción que externaba su rebeldía: le valió sorbete las reglas de MORENA; minimizó la autoridad de los factores reales de poder en la capital; generó ruido en el partido toda vez, que significada un abierto chantaje a quienes realmente mandan en la IV T y su Segundo Piso.
“Yo voy a ser candidato”, dijo.
Abría de esa forma, la hipotética decisión de ir por otro partido saltando las trancas de MORENA.
No lo dijo, pero inició pláticas con el Partido Verde.
Su jefe, Lalo Gattás, destruyó todo el andamiaje que estaba construyendo para su estrategia.
En esta reconfiguración del escenario capitalino, no le resta más a Huguito, que asegurar una regiduría -o sindicatura- en la administración municipal; si quiere seguir respirando y aspirando en el futuro.
Lo bueno es que aprendió una lección: los aliados te inflan y te crean expectativas; pero te transformas en un ser sacrificable, cuando el patrón lo decide.
Ese, es fundamentalmente el papel del tonto útil.