El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Los tiempos cambian y la realidad es aplastante: es innegable el fracaso podrido en algunas secretarías y la voracidad insaciable de ciertos funcionarios. Tanto los que ya se fueron como los que se aferran al cargo comparten una ambición desmedida: no se cansan de robar y todavía maquinan la forma de desestabilizar las instituciones y revolver las aguas para sacar provecho.
Algunos más pecaron de soberbios, presentaron sus renuncias en el escritorio del tercer piso bajo la estúpida ilusión de que, por una supuesta cercanía de años, sus pecados serían perdonados y sus dimisiones quedarían congeladas en el olvido. No fue así, al interior de la Auditoría Superior del Estado (ASE), los encargados de revisar las cuentas del presupuesto están estupefactos ante el grado de rapiña de ciertos funcionarios guindas que, de plano, jamás tuvieron una pizca de honestidad ni lealtad hacia su jefe.
Se largaron elementos que se consideraban intocables, como Hugo Mendoza, además de personajes cínicos como el apodado “El Señor de los Razors”, célebre por poseer ese tipo de juguetitos cuyo costo individual ronda el millón de pesos, cifra que se dispara con accesorios de lujo pagados, evidentemente, con dinero público.
Pero estos no son los únicos relevos en puerta; se avecina una purga mayor. Hay funcionarios de medio pelo que ni siquiera figuran en el mapa político y que cayeron seducidos por el canto de la corrupción.
Se han beneficiado miserablemente mordiendo la mano del hombre que les entregó el nombramiento; hoy son flamantes propietarios de residencias y terrenos adquiridos mediante triangulaciones irregulares que simplemente no soportan una auditoría seria de la ASE o de la Fiscalía Anticorrupción.
Recientemente, el fiscal anticorrupción, Andrés García Repper, al igual que la ASE, confirmó que las investigaciones ya no se limitan al pasado cabecista, sino que abren expedientes penales contra excolaboradores de la actual administración.
García Repper evitó dar nombres por estrategia, pero la pregunta obligada es si realmente castigarán la podredumbre de los traidores. Esos deberían pagar el doble; sin embargo, hasta la fecha, ninguno de los que se marcharon con los bolsillos llenos es molestado ni con un citatorio.
El descaro es tal que varios funcionarios en funciones pretenden ser candidatos a puestos de elección popular; levantan la mano, pero se niegan rotundamente a renunciar. Tienen pavor de perder sus fuentes de financiamiento público y sus flujos de ingresos ilícitos.
Lo colosal del asunto es que ninguno garantiza una victoria electoral, además de estar a años luz de cumplir con las exigencias de la dirigencia nacional de Morena, que demanda expedientes impecables para otorgar una candidatura.
Estos aspirantes cargan con denuncias de enriquecimiento ilícito que están muy lejos de aclararse; una cosa es que gocen de una protección temporal y otra muy distinta que sean inocentes. Nada les garantiza que esos expedientes no sean utilizados en su contra muy pronto.
Son tiempos en los que el gobernador Américo Villarreal Anaya ya no puede simular: exige lealtad y honestidad a un gabinete fracturado. Por ello comenzó a apretar tuercas con despidos fulminantes de personajes que se creían omnipotentes, como el propio Hugo Mendoza o el delegado de Gobernación, Carlos Orozco.
En esta etapa, las decisiones se toman con absoluta frialdad y no con el corazón, pues lo que está en juego son las alcaldías, el futuro de la gubernatura y, para muchos, la pérdida de la libertad. En este cierre de administración, cada día afloran más traiciones, obligan a los rechazados a tejer alianzas desesperadas para lamerse las heridas y olvidar sinsabores.
En las últimas semanas, el gobernador ha sido sumamente selectivo con los colaboradores que tolera cerca. Ayer, por ejemplo, exhibió públicamente la imagen del recién ascendido Luis García Reyes, quien podría ser la excepción a la regla, confirmando que se mantiene artificialmente vivo como aspirante a la alcaldía de Ciudad Victoria.
El mandatario analiza las profundas debilidades de los aspirantes en la capital; sabe perfectamente que la mayoría no dará los resultados esperados y que se convertirán en blanco fácil de ataques fulminantes —muchos de ellos respaldados con pruebas contundentes de corrupción— en una ciudad sumamente lastimada y lista para aplicar un feroz voto de castigo, donde el PAN retiene un voto duro que supera los 40 mil sufragios.
Es por eso que, durante las últimas dos semanas, dos de sus colaboradores más cercanos han sido castigados con la frialdad de la indiferencia, son marginados y desinvitados flagrantemente de las ceremonias de honores a la bandera, donde antes su presencia era obligatoria.
Nos referimos a la presidenta del STJE, Tania Contreras, y al presidente del Congreso del Estado, Humberto Prieto, quienes hoy brillan por su ausencia.
Tania y Humberto mendigan ahora una pizca de cercanía con el gobernador en un intento desesperado por recuperar la confianza perdida; sin embargo, esa alianza está condenada al fracaso: la confianza se entrega una sola vez y es imposible de reconstruir. No se puede fingir lealtad cuando ya le soltaste una mordida a la mano que te dio de comer.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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