ANECDOTARIO.
POR JAVIER ROSALES ORTIZ.
Junio y julio son meses de fiesta al ritmo de la música clásica, el mariachi y,
también, de la batucada, que hacen pensar y mover la cadera y los pies,
porque niños y jóvenes se contagian con la alegría que merece el momento
y porque todo huele a graduación.
Y como cada año, aparecen las madrinas y los padrinos de la generación
que concluye, esas autoridades, dirigentes y representantes de los sectores
productivos que se muestran tiernos con quienes se acaban de echar en la
bolsa tamaño triunfo, como lo es terminar los estudios unos, y otros a
seguir el camino con el aplauso sincero y cariñoso de su familia.
Y son madrinas y padrinos de lujo, porque por ejemplo Blanca Valles
Rodríguez, secretaria general del SUTSPET, coronó a los pequeños del Jardín
de Niños de la Burocracia Estatal, esos que han dado muestra de valor
porque los ven como ejemplo a seguir a sus padres y a los maestros, que
siempre están pendientes.
En todo momento la lideresa, muy conocida por todos, destacó su vínculo
con la comunidad de la burocracia tamaulipeca, lo que convierte al SUTSPET
en un organismo bien construido, muy unido, sólido y defensor de quienes
necesitan de su apoyo.
Y si de padrinos se habla, el alcalde Eduardo Gattas Báez, apadrino a varias
generaciones de las escuelas primarias y secundarias Gabriela Mistral,
Rafael Tejeda Puente, Silvestre Abrego y de la Universidad del Norte de
Tamaulipas, campus Victoria, y se dio tiempo para todo.
El munícipe se la paso suave en esos momentos, porque compartió sonrisas
y abrazos con los graduados, que ven a “Lalo” como un amigo que tiende la
mano a quienes lo necesitan.
Y otro más, fue el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas,
Dámaso Anaya Alvarado, quien apadrino a los graduados mayores -184- ,
con estudios universitarios de la licenciatura de Enfermería, Nutrición y
Salud, quienes merecen el respeto y la admiración de una comunidad que
vive gracias a su preparación en esas tareas que son por demás delicadas.
Pero, porque me toca, no puedo dejar pasar que mi nieto Sebastián Rosales
Villa, se graduó de sexto año en la Escuela Club de Leones, en sendas
ceremonias animadas por el ruido de tambores, matracas y cornetas, muy
distintas a lo que viví de pequeño, cuando no se salía de cantar la melodía
“Farolito”, que escasos niños entendían, por aburrida.
Vivir esos alegres momentos me hizo que regresara a mi infancia, porque
unió familias, también maestros y además a trabajadores del magisterio,
que son comandados en la Club de Leones por la directora, Kena Loredo,
una maestra bien reparada que siempre mantuvo el control de esa
institución.
Ese fue uno de los eventos y el otro se llevó a cabo en el Gimnasio
Multidisciplinario de la UAT, un bien equipado y lujoso local deportivo, en
el que lo egresados de sexto año 16 fue apadrinado por el licenciado Luis
Eduardo García Reyes, en la generación 2020-2026.
Fueron momentos únicos porque va creciendo lo que uno ha sembrado, y
ver la sonrisa de mi Sebastián, de sus padres Karina y Said, de sus abuelos
Blanca, Javier y Silvia, y demás familiares, no tiene precio.
Felicidades mi pequeño nieto.
Y por lo pronto, to me quedo con el ritmo.
De la batucada.
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